Flavia Sarquís: Qué nuevos aprendizajes necesitamos frente a la inteligencia artificial

Flavia Sarquís: Qué nuevos aprendizajes necesitamos frente a la inteligencia artificial

La incorporación de la inteligencia artificial a la educación no supone solamente sumar una nueva herramienta a las aulas. Para Flavia Sarquís, especialista en Coaching Educacional, su llegada obliga a revisar qué aprendemos, cómo enseñamos y qué lugar queremos que ocupen docentes y estudiantes frente a una tecnología capaz de intervenir cada vez más en los procesos de aprendizaje.

La preocupación por el avance de la inteligencia artificial suele aparecer asociada a una pregunta concreta. ¿Qué va a pasar con el trabajo docente? En este sentido, Sarquís recuperó la escena de un docente que, en sala de profesores, definió a la IA como una “intrusa” en las aulas, porque según esta persona podía llegar a reemplazar a quienes enseñan. Sin embargo, para la especialista, esa percepción puede ser el punto de partida para preguntarse qué transformaciones está poniendo en evidencia la llegada de esta tecnología. Y, sobre todo, qué nuevas oportunidades abre para la educación.

En una participación reciente en Asuntos Docentes, Sarquís había señalado que “los docentes somos buenos para adaptarnos a los cambios, pero no tanto a las transformaciones”. En esta oportunidad retomó esa idea para recordar que la educación ya atravesó distintas transformaciones a lo largo de su historia reciente, y que la inteligencia artificial constituye un nuevo desafío que requiere algo más que incorporar herramientas.

“Creo que lo que podemos empezar a conversar acerca de la inteligencia artificial es que nos obliga a pensar. En términos de qué nuevos aprendizajes vamos a necesitar para acompañar a nuestros estudiantes”, sostuvo.

Del saber promptear a aprender a preguntar

Uno de los principales desafíos aparece en el lugar que ocupan los estudiantes frente a la IA. Para Sarquís, no alcanza con enseñarles a utilizar correctamente una herramienta o a redactar mejores prompts. El desafío es desarrollar las capacidades que les permitan conducir la interacción con la tecnología y evaluar críticamente aquello que reciben de ella.

“Tal vez el desafío no solamente sea pensar cómo podemos incorporar la inteligencia artificial. Sino que nos podemos preguntar qué lugar queremos que ocupe nuestro estudiante en un mundo en donde la inteligencia artificial pueda acompañar gran parte de todos sus procesos de aprendizaje”, planteó.

La pregunta adquiere especial relevancia porque, según la especialista, los estudiantes todavía están poco acostumbrados a conducir las conversaciones dentro del aula. Históricamente, explica, recibieron indicaciones, escucharon qué debían hacer, y siguieron consignas. Si ese mismo modelo se reproduce al interactuar con una IA, existe el riesgo de que sea el algoritmo el que termine condicionando el recorrido del aprendizaje.

Por eso, frente a la expansión de estas herramientas, aparecen capacidades que exceden las competencias digitales. Formular preguntas, cuestionar respuestas, identificar aquello que todavía no se comprende, revisar la información y tomar decisiones.

“Más que nunca, necesitamos saber para qué aprendemos lo que aprendemos. Porque esto va a ser clave para que yo pueda tomar como aliada a la IA en los procesos de aprender”, señaló Sarquís.

En ese sentido, el valor de la escuela no estaría solamente en transmitir conocimientos que una herramienta puede recuperar en segundos, sino en generar experiencias en las que los estudiantes tengan que pensar, preguntar, decidir, crear, revisar y tomar posición.

Una oportunidad para recuperar el vínculo pedagógico

La transformación interpela al docente. Frente al temor de que la IA pueda ocupar el rol de los trabajadores, Sarquís propone mirar qué tareas puede asumir la tecnología y qué espacio puede liberar para quienes enseñan.

Las actividades repetitivas, burocráticas y operativas pueden encontrar en estas plataformas una herramienta para agilizar procesos. Pero el objetivo no debería simplemente ser hacer más en menos tiempo, sino recuperar tiempo para lo que constituye una dimensión central de la tarea docente.

“Nos deja un espacio libre para, como digo yo, sentarnos con los chicos ahí. Cola con cola, espalda con espalda, banco con banco. Pararnos en ese lugar, en ese piso, si estoy en la sala del jardín. En ese salón en rueda con mis estudiantes de la escuela secundaria, o de la escuela primaria. Empezar a trabajar en lo personal, en lo vincular, en lo emocional”, explicó.

De esta manera, la llegada de la IA también puede ser una oportunidad para revisar la identidad profesional docente. Así como los estudiantes necesitan aprender a conversar con estas herramientas, quienes enseñan también tendrán que incorporar nuevas formas de interacción con ellas y volver a pensar sus propias prácticas.

“Si de nuevas preguntas se trata, quizá la pregunta que deberíamos hacernos es no solamente cómo incorporar la inteligencia artificial a nuestras propuestas pedagógicas y a nuestra práctica. Sino cómo diseñamos experiencias de aprendizaje en las que el estudiante necesite pensar, preguntar, decidir, crear, revisar, tomar posición”, sostuvo Sarquís.

La Inteligencia Artificial, un acompañante más en las aulas

La tecnología, entonces, aparece como un nuevo actor dentro de las aulas, pero no como quien define el sentido del aprendizaje. “Tenemos un acompañante nuevo en nuestras aulas, y nosotros tenemos que incorporarlo a nuestras prácticas. Y vamos a tener que revisar profundamente esos contenidos escolares en este sentido”, afirmó.

El desafío será aprender a convivir con una IA cada vez más presente sin delegar en ella aquello que sigue siendo responsabilidad de quienes enseñan y aprenden. “Porque si esta inteligencia artificial viene a convertirse en un compañero más, en un acompañante más, y es cada vez más poderoso, nuestra tarea como educadores será ayudar a que nuestros estudiantes puedan ser capaces de conducir esa conversación”.

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