Coaching educativo: transformar la enseñanza desde la escucha

Coaching educativo: transformar la enseñanza desde la escucha

Desde una mirada centrada en el vínculo y la experiencia, la especialista en coaching educacional Flavia Sarquís propone repensar el rol docente y habilitar espacios para el autoconocimiento en el aula.

La creciente distancia entre los contenidos escolares y la realidad de los estudiantes, los cambios constantes y las nuevas demandas emocionales plantean la necesidad de transformar la enseñanza. En este contexto, el coaching educativo aparece como una propuesta que invita a repensar en profundidad el rol docente. Lejos de ofrecer recetas o soluciones cerradas, esta perspectiva propone habilitar procesos de reflexión, escucha y transformación en las prácticas pedagógicas.

Flavia Sarquís, especialista en coaching educacional, dialogó con Asuntos Docentes sobre su libro “Coaching educativo, un enfoque innovador para potenciar aprendizajes” de Editorial Bonum. También se refirió a los fundamentos del coaching, y su potencial para generar experiencias de aprendizaje más significativas, tanto para los estudiantes como para quienes enseñan.

Del docente que transmite al docente que facilita

Uno de los ejes centrales del coaching educativo es el corrimiento del rol tradicional del docente como transmisor de contenidos hacia una figura que acompaña procesos de aprendizaje. Este cambio no implica abandonar el saber, sino reformular su lugar dentro del aula.

“Un coach jamás te va a decir lo que tenés que hacer, sino que te va a acompañar a que descubras lo que vos querés hacer”, explicó Sarquís, sintetizando el espíritu de esta disciplina.

Este enfoque se apoya en una base ontológica que pone el foco en el ser. Es decir, en la construcción de nuevas formas de habitar el rol docente y hacer una revisión profunda de las lógicas de enseñanza.

“Hay cosas que son posibles siempre y cuando nos detengamos a revisar nuestras prácticas. Esto que vos decís, es verdad. ¿Cómo hago yo para facilitar cuando fui formada para decir desde el saber? ¿O cómo hago para cambiarme de rol, cómo hago para ponerme entre los chicos, entre mis estudiantes, para ser parte de esa experiencia que se está generando? Bueno, es un cambio rotundo”.

A partir de allí, el desafío se traslada también al diseño de las clases. “No puedo pensar mis clases desde un contenido escolar, sino desde un propósito transparentado y compartido a mis estudiantes. No puedo pensar mi clase como una secuencia de actividades, sino que necesito empezar a diseñar verdaderas experiencias”, señaló. En estas experiencias, la exploración, la novedad y la participación activa se vuelven elementos centrales del aprendizaje.

La escuela como espacio de escucha en tiempos complejos

Más allá de las estrategias pedagógicas, el coaching educativo pone el foco en la dimensión humana del aula. En un escenario social atravesado por la aceleración, la sobre exposición y la falta de espacios de expresión, Sarquís advirtió sobre la necesidad de recuperar la escucha como práctica fundamental.

“¿Vamos a evitar el mensaje viralizado? Lamentablemente, hoy no lo vamos a poder evitar. Pero vamos a atenuarlo. Y también vamos a atenuar la ansiedad del equipo docente si sabe que hay dispositivos ya dentro de la organización”.

En este sentido, la especialista señaló que muchos adolescentes hoy no encuentran espacios donde poder expresar lo que les sucede. “Hay muchos jóvenes y adolescentes que no están teniendo quién los escuche. Quién pueda saber lo que les está pasando. Y nosotros seguimos insistiendo en entrar al aula para explicarles la Revolución de Mayo”, advirtió.

La escuela, entonces, aparece como un espacio clave para reconstruir esos vínculos. Pero este trabajo no puede recaer únicamente en el docente de manera individual, sino que requiere de una mirada institucional, con acuerdos, dispositivos de acompañamiento y una cultura organizacional que priorice el cuidado.

El coaching como herramienta para aprender mejor

El coaching educativo también propone herramientas concretas para trabajar en el aula, especialmente orientadas a desarrollar el pensamiento y la metacognición. En lugar de centrarse únicamente en la transmisión de respuestas, el foco está puesto en habilitar preguntas que inviten a reflexionar.

A través de estrategias como las rutinas de pensamiento, se busca que los estudiantes puedan hacer visible su propio proceso cognitivo, organizar ideas y construir aprendizajes más profundos. Este tipo de prácticas no solo fortalece el desarrollo académico, sino que también promueve mayor autonomía y confianza en el propio proceso.

Comprender y aplicar estos enfoques implica un desafío, pero también una oportunidad para construir experiencias educativas más significativas, conectadas con la realidad de los estudiantes y con las necesidades del presente.

“A veces nos cuesta un montón aceptar que podemos equivocarnos, en nuestra profesión. Que podemos no saber, que podemos necesitar preguntar. Y creo que desde el coaching lo que vamos a estar siempre acompañando es esto. Que no hay verdades absolutas, que no hay verdades únicas, que no hay saberes únicos, que no hay respuestas únicas. Y esto me genera la posibilidad de trabajar más empáticamente. Más desde una escucha activa y profunda. No hay alguien que tenga razón, sino que hay razones que conviven. Y que entre todas esas razones que conviven, podemos construir una razón para este momento, y para este lugar”.

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