Adriana Donzelli, Secretaria General de SADOP Provincia de Buenos Aires, reflexionó sobre la problemática de los retos virales que multiplican la violencia en las escuelas. Además, se refirió al papel que juegan los discursos de odio promovidos desde las autoridades nacionales, y la necesidad urgente de implementar políticas de cuidado.
La proliferación de los llamados retos virales entre los jóvenes es una práctica que no solo pone en peligro su integridad física, sino que interpela a toda la comunidad educativa. En este contexto, Adriana Donzelli, de SADOP Provincia, dialogó con Asuntos Docentes sobre este fenómeno, y cómo reproduce el marco de discursos de odio y espectacularización de la violencia que afecta a toda la sociedad.
Los retos virales como síntoma de la violencia social
Según explicó Donzelli, los retos virales y los casos de amenazas de hechos violentos en las escuelas que recientemente llevaron a la suspensión de las clases en algunos establecimientos, son un síntoma. Se trata de una manifestación de una sociedad atravesada por discursos de odio y una celebración de la violencia.
“Estas problemáticas toman en algún punto a los jóvenes como protagonistas, pero en realidad son el emergente de una sociedad que viene, lamentablemente, sufriendo una exacerbación de la violencia. Una permanente instalación de discursos y de prácticas muy virulentas empujadas, en primer lugar, por el Presidente de la Nación, pero que tienen la réplica en muchos ámbitos”.
La legitimación de la violencia desde el poder es, en palabras de la gremialista, un agravante al problema de fondo. “Si las máximas autoridades legitiman, replicando o produciendo estos mensajes de odio, de violencia, es imposible pensar que esto no tenga alguna repercusión en otros ámbitos”. En este sentido, hizo énfasis en que la sociedad no puede seguir tolerando formas de comunicación y vínculo entre la población y quienes tienen las máximas responsabilidades.
“Las escuelas deben ser espacios de diálogo, de construcción, de comunidad, de encuentro, de acompañamiento de los jóvenes”, alertó la entrevistada. Pero también reconoció que la escuela, y en particular los docentes, no pueden emprender estas tareas en aislamiento. “El principal planteo del SADOP es que esto es un problema que debemos abordar como comunidad”, dijo.
Herramientas institucionales y responsabilidad colectiva
Frente a la situación que atraviesan las escuelas, Donzelli declaró que es imperativo reforzar los espacios de diálogo, y el uso de las herramientas establecidas por las normativas para el cuidado mutuo. La Guía de Orientación para Situaciones Conflictivas, los Comités Mixtos y también el Acuerdo Paritario de Prevención, Resguardo y Reparación, son instancias que permiten trabajar en la prevención.
“Es central que podamos, no solamente actuar o ver cómo resolvemos cuando sucede la emergencia, cuando está el clima de conmoción social. Sino que pasado ese primer momento podamos trabajar con las cuestiones de fondo que nos lleven a prevenir este tipo de situaciones. Así que es muy importante el compromiso de todos los actores”.
Para Donzelli, la ausencia del Estado Nacional para coordinar con las autoridades educativas y plantear una salida al fenómeno actual es alarmante. “Sabemos que el Estado Nacional se ha corrido. Se corre cada vez más de sus obligaciones. Sobre todo en lo que tiene que ver con la educación y el cuidado. No tenemos prácticamente políticas nacionales que atiendan estas problemáticas”
La construcción de los vínculos requiere diálogo, promoción del encuentro y trabajo colectivo entre autoridades educativas, sindicatos, familias, docentes y diferentes actores territoriales. Estos pasos apuntan hacia la construcción de una verdadera comunidad educativa, que pueda frenar la reproducción de la violencia social dentro de las escuelas.
“Lo que sucede en la escuela es emergente de un fenómeno social. No es que la escuela lo genera, sino que la escuela es el escenario donde se produce. Pero la realidad es que estamos frente a una sociedad que tiene muchas necesidades. Donde los jóvenes, donde los menores, son una de las partes vulnerables; donde los trabajadores están siendo fuertemente precarizados. Entonces, es muy importante que trabajemos en conjunto. Que pongamos en valor la institucionalidad y la organización”

