Mariana Maggio reflexionó sobre el impacto de la Inteligencia Artificial Generativa en las aulas. También abordó los desafíos que plantea para la evaluación, y la necesidad de reinventar las propuestas pedagógicas para construir “una experiencia que los estudiantes no se quieran perder”.
“Esta forma que teníamos de explicar, largo y tendido, entró hace bastante tiempo en choque con las culturas digitales”. De esta forma se refirió la doctora en educación Mariana Maggio a la situación que atraviesan todos los niveles del sistema educativo. Mientras docentes e instituciones buscan comprender el alcance de las nuevas herramientas, también aparecen preguntas sobre qué significa enseñar, aprender y evaluar. Sobre todo en un contexto donde las máquinas pueden producir textos, resolver consignas y organizar información en cuestión de segundos.
Enseñar en una cultura que cambió
Maggio sostuvo que las transformaciones tecnológicas actuales deben analizarse en el marco de cambios culturales más amplios. Los estudiantes participan de entornos donde el acceso, circulación y las formas de construir conocimiento distan mucho de las que dieron origen a los modelos tradicionales de enseñanza.
“¿Qué tenemos que hacer los docentes con estos fenómenos, que están fuertemente instalados en un periodo de tiempo bastante corto?”, se preguntó. En este contexto, la especialista advirtió sobre el desfasaje entre muchas de las prácticas escolares vigentes y las experiencias culturales de las nuevas generaciones. Mientras los estudiantes consumen y producen contenidos en múltiples formatos, la enseñanza continúa apoyándose en esquemas expositivos y lineales que responden a otra época.
Para Maggio, esta situación exige una reinvención de las propuestas pedagógicas. Retomando una idea desarrollada a lo largo de su trayectoria, planteó que cuando las tendencias culturales cambian, también deben hacerlo las formas de enseñar.
“Me gusta mucho esta idea de Daniel Innerarity, en el libro Una teoría crítica de la inteligencia artificial, donde dice ‘es como si hubiera una máquina para aprenderse el mundo de memoria’. Si ya hay una máquina para aprenderse el mundo de memoria, lo que nosotros no podemos hacer es seguir pensando que la mayor parte del tiempo se lo dedicamos a que la gente se lo aprenda de memoria”, afirmó.
Desde esa perspectiva, la incorporación de tecnología no debería entenderse como un agregado instrumental, sino como una oportunidad para construir experiencias de aprendizaje más contemporáneas, inclusivas y significativas. A modo de ejemplo, Maggio destacó las experiencias desarrolladas junto a sus estudiantes universitarios, que utilizaron herramientas de Inteligencia Artificial Generativa para producir contenidos en formato de streaming. De esta forma, abordaron temas vinculados con la currícula desde una lógica de creación colectiva y protagonismo estudiantil.
El desafío de evaluar en tiempos de IA
Uno de los impactos más profundos de la IA aparece en el terreno de la evaluación. Para la especialista, muchas de las formas tradicionales de evaluar descansan sobre tareas repetitivas o de aplicación que hoy pueden ser resueltas con facilidad mediante herramientas generativas.
“Mucha de la evaluación que hacemos cotidianamente se sostiene en esa tradición clásica más trasmisiva, explicativa, repetitiva. Casi diría que todos los estudiantes, pecando de una generalización un poco rápida, ya se dieron cuenta que se resuelve con Inteligencia Artificial Generativa”, señaló.
La investigadora consideró que esta situación produce un metafórico “hackeo” del sistema educativo, porque la evaluación ocupa un lugar central en la organización institucional. “Al hackear la evaluación, hackean el corazón del sistema”, explicó. En este sentido, recordó que cuestiones decisivas a nivel académico como la promoción, la acreditación, la permanencia y, en algunos casos, la expulsión son decididas gracias a los datos de evaluación.
Maggio resaltó la necesidad de avanzar hacia formas de evaluación que no se limiten a verificar respuestas correctas, y enfocarse en la parte humana del proceso. “Si vamos a escribir con máquinas inteligentes, todavía nos queda una responsabilidad gigante, que es la revisión. La edición. También podríamos decir, la pelea por la humanización de este tipo de productos”. Especialmente porque eliminar las nuevas tecnologías de los contenidos académicos, prohibir su uso, no es una opción.
“Vemos tendencias culturales que están atravesando los modos en que construimos conocimiento. Y si eso es así, sacarlas es omisión curricular. Es no enseñar lo que se supone que debemos enseñar”, declaró.
Según la mirada de Maggio, el desafío para la educación no consiste solamente en aprender a usar estas herramientas, sino en comprender qué lugar ocupan dentro de las formas contemporáneas de conocer, enseñar y construir comunidad en las aulas.
“Creo que nosotros tenemos que poder comprender todas estas tramas. Que son tramas cognitivas, culturales, sociales, incluso podríamos decir, creo que antropológicas. Donde entrar a jugar, con nuestras perspectivas pedagógico-didácticas es un desafío gigante. Pero cada vez que vos entrás a hacer ese juego, es como que lo que sucede en el aula vuelve a tener una fuerza arrolladora. No hay manera de emular eso desde la Inteligencia Artificial Generativa”.


