Familias y escuela: reconstruir el diálogo desde el sentido de la educación

Familias y escuela: reconstruir el diálogo desde el sentido de la educación

La especialista en coaching educacional Flavia Sarquís analizó el distanciamiento entre las instituciones educativas y las familias. Además, propuso recuperar la comunicación sobre los propósitos pedagógicos como una herramienta para fortalecer la corresponsabilidad y el derecho a aprender.

La relación entre las familias y las escuelas atraviesa un escenario de tensiones y expectativas divergentes. En su trabajo con equipos directivos e instituciones educativas, Flavia Sarquís identifica una preocupación recurrente. Se trata de la sensación de que ambos actores se encuentran cada vez más lejos de lo que esperan uno del otro. Frente a este panorama, la especialista planteó la necesidad de recuperar los espacios de diálogo. El objetivo es construir un propósito compartido en torno a la experiencia educativa de niños, niñas y adolescentes.

“¿En qué momento empezamos a hablarnos más desde el reclamo que desde la construcción de un propósito compartido?”, se preguntó Sarquís. Para la especialista, el desafío no consiste en determinar quién tiene razón en cada conflicto. Está en comprender las distintas motivaciones que intervienen en una relación que, por momentos, parece haber perdido su sentido de corresponsabilidad.

El sentido de aprender y la experiencia escolar

Una de las dimensiones que Sarquís propuso revisar es la valoración de la experiencia escolar. Sarquís advirtió que, en determinadas situaciones, la continuidad de la asistencia parece quedar subordinada a otras actividades. Esta decisión suele justificarse bajo la premisa de que los contenidos o las tareas pueden recuperarse posteriormente.

La posibilidad de pedir la tarea por WhatsApp o consultar los materiales disponibles en plataformas institucionales puede contribuir a instalar la percepción de que faltar a clases o retirarse antes de finalizar la jornada no implica perder una experiencia significativa.

“Hoy no alcanza con una actividad que esté planificada correctamente, con un contenido que figure en el diseño curricular para el preparado de nuestras clases. Necesitamos empezar a preguntarnos si aquello que sucede en el aula tiene sentido para quienes aprenden”, sostuvo.

La reflexión no apunta solamente a revisar la planificación de las clases, sino también a reconocer el valor de las experiencias que se construyen durante la presencialidad. La escuela tiene la responsabilidad de garantizar el derecho a aprender y ofrecer propuestas que amplíen los horizontes de sus estudiantes.

En ese sentido, el aprendizaje no se limita a los contenidos que pueden recuperarse mediante una guía o una actividad escrita. La argumentación, la escucha de perspectivas diversas, la construcción colectiva y el pensamiento crítico forman parte de una experiencia compartida que requiere de la interacción con otros.

Para Sarquís, ese valor necesita experimentarse y hacerse visible. La escuela no puede dar por sentado que las familias comprenden el sentido de sus propuestas ni que reconocen automáticamente aquello que las distingue de otras formas de acceso a la información.

Comunicar para construir corresponsabilidad

La segunda dimensión del planteo de Sarquís se relaciona con la comunicación institucional. En muchas escuelas, el vínculo con las familias queda reducido a la transmisión de información sobre calendarios, calificaciones, materiales, estados administrativos o situaciones que requieren una intervención.

La especialista advirtió que, cuando el contacto ocurre principalmente ante un problema, el encuentro puede profundizar una distancia que ya existe. La institución adopta una posición defensiva y las familias se ubican desde el reclamo, dificultando la posibilidad de construir acuerdos. “Si el vínculo es cuando algo está mal, corremos el riesgo de que el encuentro profundice una distancia que ya existe”, señaló.

Frente a esta dinámica, propuso recuperar espacios de conversación que permitan explicar el sentido de las decisiones pedagógicas y anticipar las expectativas de cada parte. Las reuniones de inicio de ciclo lectivo, las entregas de boletines y las clases abiertas pueden convertirse en oportunidades para compartir los objetivos de aprendizaje, las habilidades que se busca desarrollar y las experiencias que tienen lugar en el aula.

Comunicar, desde esta perspectiva, no consiste únicamente en transmitir información, sino en construir sentido. La propuesta invita a los equipos docentes y directivos a revisar cuánto tiempo institucional se dedica a conversar con las familias sobre el proyecto educativo y las decisiones que lo sostienen.

Esto no significa que las familias y los docentes tengan las mismas responsabilidades. Los roles son diferentes, pero ambos comparten algo esencial: el bienestar y el derecho a aprender de niños, niñas y adolescentes. La corresponsabilidad implica reconocer que las acciones de cada parte tienen consecuencias en una experiencia educativa compartida.

El desafío, entonces, es recuperar una conversación que permita comprender las expectativas mutuas y construir acuerdos antes de que las diferencias se transformen en conflictos. Porque, como advirtió Sarquís, “si la familia dejó de confiar en la escuela y la escuela deja de escuchar a la familia, quienes quedan en el medio son los estudiantes”.

La especialista sostuvo que el valor de la escuela necesita construirse, hacerse visible y renovarse. Volver a conversar con las familias sobre el sentido profundo de la educación es parte de ese proceso: una oportunidad para fortalecer el vínculo y poner nuevamente en el centro aquello que ambas partes tienen en común, el derecho a aprender.

Mirá la entrevista completa a continuación

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