Ana María Stelman: Cuando la experiencia docente no termina con la jubilación

Ana María Stelman: Cuando la experiencia docente no termina con la jubilación

Tras décadas frente al aula, Ana María Stelman decidió que sus aprendizajes no quedaran archivados junto con su expediente de jubilación. En su libro Maestra de trinchera: del aula al mundo, recupera parte de esa trayectoria y reflexiona sobre los saberes que se contruyen en escuelas reales. Lugares donde enseñar requiere adaptar las propuestas a las necesidades de cada comunidad.

Maestra de Educación Primaria, Stelman fue una de las diez finalistas del Global teacher Prize en 2021. La nominación significó para ella un reconocimiento personal, después de años en los que sentía que era “la maestra intensa” o “la que hacía cosas raras”. Pero también la llevó a asumir una responsabilidad: sentirse portavoz de quienes, como ella, trabajan cotidianamente “en su trinchera”. Y muchas veces lo hacen en silencio.

Su recorrido por escuelas con contextos de vulnerabilidad y pocos recursos es también el punto de partida de Maestra de trinchera: del aula al mundo. Se trata de un libro que escribió después de jubilarse para recuperar parte de lo aprendido durante su carrera y compartirlo con las nuevas generaciones.

Cuando la experiencia no entra en los manuales

“Lo que quise con el libro es dejar en algún lado escrita algo de mi experiencia”, explicó Stelman. Después de décadas de trabajo, no quiso que todo aquello que había aprendido quedara archivado al final de su carrera.

Frente a la posibilidad de que la capacitación y tiempo invertido terminen archivados junto a su expediente de jubilación, escribir se convirtió en una forma de conservar y transmitir los aprendizajes. Pero el libro no es la única vía que encontró para hacerlo. Desde que dejó el aula, Stelman también participa en charlas y espacios de formación regularmente, aunque sin titularizar ninguna cátedra concreta.

“Yo creo que tendría que haber una instancia en la que los maestros que tienen una trayectoria puedan sembrar semillitas”, planteó. De esta forma, quienes acumularon años de experiencia deberían poder conversar con quienes todavía están en formación. Y compartir aquello que aprendieron durante el ejercicio de su profesión.

No se trata de reemplazar la formación teórica, sino de reconocer que hay saberes que aparecen en el encuentro con situaciones concretas y que no pueden aprenderse exclusivamente desde la teoría. Las decisiones que toma un docente frente a un grupo, la necesidad de modificar una propuesta o la manera de responder a una realidad particular también forman parte de ese conocimiento profesional.

La trinchera en el aula

En el caso de Stelman, su experiencia profesional la llevó a trabajar en escuelas donde las condiciones de enseñanza muchas veces obligaron a adaptar las propuestas generales a situaciones particulares. Allí apareció el concepto de “trinchera”, para describir la distancia entre aquello que se plantea desde los escritorios en los espacios de decisión y lo que efectivamente sucede en las aulas.

En esas aulas, donde las políticas educativas se encuentran con la realidad de los espacios vulnerables, “hay que hacer magia. Ahí aparece la trinchera”, sostuvo la autora. Porque las propuestas pueden ser válidas, pero no necesariamente funcionan de la misma manera en todos lados. “La Provincia es muy grande y no podés hacerle la misma propuesta a todas las escuelas. Dentro de la misma ciudad no podés hacer la misma propuesta”.

Stelman considera fundamental escuchar a los docentes y a los equipos de cada institución. El conocimiento del territorio, de las familias, y de las condiciones concretas en las que viven los estudiantes permite construir proyectos que respondan mejor a cada realidad.

En esa mirada también aparece una diferencia que la autora destaca, entre igualdad y equidad. Enseñar no significa ofrecer exactamente lo mismo a todos, sino poder reconocer qué necesita cada grupo y cada estudiante para garantizar sus oportunidades de aprendizaje.

Ese trabajo cotidiano exige un “doble registro”. Una mirada que cumpla con lo que formalmente se espera de la tarea docente y, al mismo tiempo, responda a aquello que realmente hace falta en cada aula. Es en esa tensión donde se construye buena parte de la experiencia que Stelman ahora busca compartir.

El recorrido, entonces, no termina con la jubilación. La experiencia acumulada durante años de enseñanza puede convertirse en un conocimiento que circule, dialogue con quienes están comenzando y ayude a pensar nuevas respuestas para las escuelas de hoy.

Detrás de cada decisión pedagógica, según Stelman, hay una responsabilidad que no puede perderse de vista. “El que ya decidió ser maestro tiene una responsabilidad y tiene que pensar en los alumnos”, aseguró. Porque esa responsabilidad tiene consecuencias concretas. “Un nene que no aprende y pasa de grado es una vida que se le va cortando el hilo. Van perdiendo oportunidades”.

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