Andrea Alliaud: reversionar las prácticas para enseñar en tiempo presente

Andrea Alliaud: reversionar las prácticas para enseñar en tiempo presente

La enseñanza no consiste en aplicar recetas ni en encontrar una solución mágica en la última herramienta disponible, sino en reversionar los saberes. Para Andrea Alliaud, enseñar implica crear, revisar y volver sobre las propias prácticas para adaptarlas a las situaciones concretas de cada aula.

Enseñar supone tomar decisiones en escenarios que cambian, con grupos diversos y frente a desafíos que no siempre pueden resolverse con respuestas conocidas. En ese contexto, pensar las prácticas docentes como algo terminado puede resultar tan limitante como buscar permanentemente una nueva fórmula que prometa resolver aquello que sucede en las aulas.

Ese es uno de los sentidos que atraviesa Versionar y reversionar las prácticas de enseñanza y formación, el libro de Andrea Alliaud, doctora en Ciencias de la educación, magíster en Ciencias Sociales, formadora y autora. En diálogo con Asuntos Docentes, la especialista profundizó en la idea de que enseñar hoy requiere volver sobre lo hecho, probar alternativas y construir respuestas propias para situaciones concretas.

Enseñar no es aplicar una receta

“Enseñar hoy tiene que ver precisamente con no pensar que hay una única manera de enseñar”, planteó Alliaud. Desde su perspectiva, que una propuesta no funcione como se esperaba no significa que el docente “no sirva”, sino que forma parte del propio oficio la posibilidad de revisar lo realizado y ensayar caminos diferentes.

Por eso, la enseñanza no puede reducirse a la aplicación de una versión previamente elaborada por otra persona. “La enseñanza no se trata de aplicar una receta o una versión que nos dé un libro, o la inteligencia artificial”, explicó Alliaud. Las propuestas pueden ser un punto de partida, pero requieren un trabajo posterior: pensarlas, modificarlas y volver sobre ellas de acuerdo con aquello que sucede en el aula y con las personas a quienes están destinadas.

En ese proceso aparece la idea de versionar y reversionar las prácticas de enseñanza. No se trata solamente de producir algo nuevo, sino también de regresar sobre lo producido para transformarlo. La práctica docente, así entendida, permanece abierta a modificaciones porque está vinculada con situaciones concretas que tampoco son idénticas entre sí.

Frente a lo nuevo, también hay que detenerse

La necesidad de revisar las prácticas también permite mirar de otra manera la relación entre enseñanza y tecnología. Para Alliaud, el problema no está en incorporar herramientas nuevas, sino en asumir que toda novedad debe llegar automáticamente al aula y que, por sí misma, resolverá las dificultades que se presenten.

“Yo creo que muchas veces nos pasa en la vida cotidiana, y pasa en las escuelas, que pareciera que tenemos que incorporar lo último”, señaló la autora. El avance de tecnologías como la inteligencia artificial y el uso de teléfonos celulares hace particularmente visible esa presión por mantenerse siempre al día.

Sin embargo, la especialista propone introducir una pausa antes de incorporar aquello que se presenta como novedoso. No necesariamente el último recurso disponible traerá la solución mágica para los desafíos de la enseñanza. La pregunta, entonces, no sería simplemente qué herramienta nueva existe, sino qué sentido tiene utilizarla en una situación determinada.

Esa posibilidad de detenerse a decidir forma parte de la autonomía profesional que Alliaud considera debe tener un lugar de privilegio. Versionar y reversionar las prácticas de enseñanza también implica seleccionar, modificar o incluso descartar una propuesta cuando la situación concreta lo requiere.

De la experiencia al saber pedagógico

Volver sobre las prácticas no supone únicamente corregir aquello que no funcionó. También puede convertirse en una forma de producir conocimiento.

Alliaud distingue entre las vivencias que atraviesan cotidianamente a los docentes y la experiencia que puede construirse cuando esas vivencias son objeto de reflexión. A partir de allí, pueden ser narradas, o escritas. Puestas en diálogo con preguntas y con conocimientos pedagógicos formalizados. De ese proceso surge la posibilidad de transformar aquello que ocurrió en el aula en un saber que pueda ser pensado y compartido.

“Y entonces, ahí como docentes, nos convertimos en productores de saber. De saber pedagógico”, afirmó.

El valor de ese conocimiento está precisamente en su vínculo con la práctica concreta. No se trata de convertir una experiencia particular en una nueva receta para que otros la repitan, sino de ponerla en circulación para que puedan generar preguntas, conversaciones y nuevas elaboraciones.

De este modo, la formación docente también adquiere una dimensión colectiva. Pensar las propias prácticas no significa hacerlo de manera aislada, sino construir saber junto con otros. Y permitir que las experiencias de unos docentes puedan enriquecer las búsquedas de otros.

Reversionar, entonces, no es perseguir permanentemente lo nuevo. Es desarrollar la capacidad de volver sobre lo que se hace, comprenderlo, transformarlo y producir a partir de allí nuevas respuestas. Una práctica que no pretende encontrar una versión definitiva de la enseñanza, sino mantenerse abierta a las preguntas que plantea cada presente.

Porque, como resume Alliaud, “si nosotros apostamos a un futuro, tenemos que poder enseñar hoy”. Enseñar hoy supone hacerlo en las escuelas reales, con los desafíos concretos del presente. Y con docentes que se detengan a pensar, crear y reversionar sus propias prácticas.

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