CUANDO IR A LA ESCUELA DEJÓ DE SER TODOS LOS DÍAS

CUANDO IR A LA ESCUELA DEJÓ DE SER TODOS LOS DÍAS

Hay algo que, de a poco, comenzó a hacerse habitual en muchas escuelas: estudiantes que asisten dos o tres veces por semana y, en algunos casos, apenas dos veces al mes.

Familias que avisan por WhatsApp que ese día no van a ir y preguntan: “¿Qué tarea hicieron?” Docentes que envían fotos del pizarrón, actividades, explicaciones y consignas para que nadie quede atrás.Y sin darnos cuenta, empezamos a adaptarnos.

Porque nadie quiere que un estudiante quede afuera. Entonces buscamos alternativas. Mandamos la tarea, explicamos por mensaje, sacamos fotos, respondemos dudas.

Pero quizás, en ese intento de resolver una situación puntual, estamos dejando de hacernos una pregunta más profunda:

¿Qué pasa cuando la excepción empieza a convertirse en costumbre?

EL AUSENTISMO TAMBIÉN SE MIDE EN OPORTUNIDADES PERDIDAS

Según un informe de Argentinos por la Educación, los estudiantes de primaria faltan, en promedio, alrededor de 30 días al año.

Más allá del número, hay algo que importa mirar: las ausencias se acumulan y afectan la continuidad de los aprendizajes.

Y cuando un estudiante asiste dos o tres días por semana, o incluso apenas algunas veces al mes, ya no estamos hablando de una falta aislada. Estamos hablando de una trayectoria escolar interrumpida. Porque cada día de escuela es una oportunidad para aprender.

¿QUÉ SE PIERDE CUANDO NO SE ESTÁ?

No es solamente una actividad. Se pierde una explicación, una pregunta, una conversación, un trabajo con otros, una devolución, un juego, una experiencia. Un estudiante puede recibir la foto del pizarrón y completar la tarea en su casa. Pero no puede recuperar de la misma manera todo lo que ocurrió mientras no estaba.

La escuela sucede en el encuentro, en los intercambios y en esas situaciones que no siempre pueden planificarse. Y eso no se puede mandar por WhatsApp.

PERO NO TODAS LAS AUSENCIAS SON IGUALES

Hablar de ausentismo tampoco significa señalar automáticamente a las familias. Hay enfermedades, dificultades económicas, problemas familiares, situaciones de cuidado, dificultades de transporte, problemas de convivencia, bullying, desmotivación y muchas otras realidades.

Por eso, frente a un estudiante que falta reiteradamente, no alcanza con preguntar:

“¿Por qué falta?”

También necesitamos preguntarnos:

“¿Qué está pasando para que no pueda sostener su asistencia?”

Comprender las causas no significa justificar las ausencias. Significa comprender el problema para poder intervenir.

Y EL DOCENTE, ¿QUÉ HACE FRENTE A ESTO?

Muchas veces, muchísimo.Registra las inasistencias, realiza actas, mantiene la comunicación con las familias, hace las derivaciones correspondientes, trabaja con los equipos. Prepara actividades, las envía.Explica nuevamente cuando el estudiante vuelve y busca estrategias para que pueda recuperar lo trabajado. Y aun así, muchas veces no alcanza.

Porque si un estudiante viene dos días y falta tres, o asiste apenas un par de veces al mes, el problema ya no se resuelve enviando una tarea. No hay continuidad suficiente para sostener los aprendizajes. Y esto también tenemos que poder decirlo:

El docente no puede resolver solo el ausentismo. Hay situaciones que exceden lo que una escuela puede resolver desde el aula.

Por eso necesitamos otras respuestas: trabajo institucional, articulación con equipos y organismos, redes de acompañamiento y políticas que permitan abordar las causas que están por fuera de la escuela.

LA ESCUELA IMPORTA

No se trata de exigir asistencia sin mirar las realidades de cada estudiante. Pero tampoco podemos naturalizar que asistir dos o tres días por semana sea suficiente. Porque la escuela no es solamente un lugar donde se completan actividades.

Es un espacio de aprendizaje, de vínculos, de convivencia y de pertenencia. Y cuando un estudiante deja de estar, pierde mucho más que una tarea. Por eso, quizás la pregunta no debería ser solamente:

¿Por qué faltan?

Sino: ¿Qué necesitamos hacer, como escuela, como familias y como sociedad, para que nuestros estudiantes puedan estar presentes y sostener sus trayectorias educativas?

No para buscar culpables.

📌 Fuente del dato: Argentinos por la Educación, “Tiempo escolar: evidencia internacional y diagnóstico para la Argentina”, 2026.

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