La enseñanza de la lengua ocuparía un lugar central en el curriculum escolar por la envergadura y la variedad de las tareas que a ella se le asignan:
- El reconocimiento a partir de los símbolos gráficos del habla: los grafemas y su fonética para identificarlos, en una palabra: los fonemas.
- La formación lingüística que atañe a identificar que nuestro sistema escrito es arbitrario y cuasi transparente.
- La habilidad en las actividades de producción y comprensión en la lengua oral y escrita.
- La gramática como ordenador de las palabras y los mecanismos del ritmo que es la ortografía.
Generalmente, asociamos estos conceptos principales (por nombrar a los más importantes en la escuela primaria) a partir de los componentes que hacen a la formación de los mismos: la conciencia fonológica, la madurez gramatical, el enriquecimiento del léxico y la competencia textual.
Sin embargo, cuando nos disponemos a trabajar con la lengua propiamente dicha, los documentos oficiales nos manifiestan que estas líneas de la lengua deben ser trabajadas en uso, ósea, a partir de prácticas sociales del lenguaje.
Los docentes de escuela primaria, quiénes estamos en las aulas y continuamos viendo la trayectoria escolar de nuestros estudiantes con el correr los años, notamos que, justamente estas “prácticas del lenguaje en uso” luego presentan desafíos importantes en el segundo ciclo de educación primaria y que trasciende a la escuela secundaria. Muchos estudiantes no pueden expresar de manera clara y coherente una oración por no tener un cierto conocimiento de la semántica de las palabras, otros leen pero no comprenden el escrito, al hacer interrogantes sobre el texto, se frustran por no saber dónde dice algo y qué es lo que puede ser escrito…, por nombrar algunas situaciones comunes en las escuelas primarias.
¿Cuál es el motivo de esto? Justamente es ofrecer a los estudiantes un proceso de inmersión en un mundo letrado dónde los niños y niñas sean capaces de aprender los conocimientos lingüísticos a partir del descubrimiento, con un docente que sea mediador o guía, interviniendo en momentos dónde el alumno/a sea quién aprenda a vincularse con el sistema de escritura.
Este tipo de enseñanza que proviene de un enfoque puramente constructivista basado en la teoría piagetiana, hizo que la situación de la lengua cambiara rotundamente en los años 80 y prevalecieran hasta nuestros días la visión de enseñar teniendo en cuenta la madurez de los estudiantes en etapas. Insiste en que el niño o niña reconozca los matices diferenciadores de la lectura y escritura a partir de leer y escribir “leyendo y escribiendo”. Cuestión que, al docente, lo corren del lugar de enseñante y sólo es dedicado a su función de aplicacionista de una teoría que hoy por hoy, crea vacíos metodológicos y que tiene consecuencias importantes hacia el futuro.
En estas instancias, insistimos en que la enseñanza de la lengua es fundamental, su competencia metalingüística es imprescindible para las cuestiones de la normatica, la gramática, el hábito reflexivo y la capacidad argumentativa.
No podemos dejar de darle el lugar que merece y esperar que sea descubierto por sí sólo, porque es un sistema que debe ser enseñado sistemáticamente y no presentarlo como que nazca por sí sólo.
Desde el Portal de Recursos Pedagógicos tenemos esa idea sumamente imperante, posicionando al docente en el lugar que le corresponde, partiendo de la base que siempre debe instruirse, capacitarse y motivar a los estudiantes a seguir aprendiendo la variabilidad de la lengua como un objeto de análisis y de reflexión constante.
Liliana Manente
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