La médica pediatra y especialista en neurodesarrollo explicó las características del trastorno, las estrategias para acompañar a los estudiantes y la importancia de escuchar a niños y adolescentes ante situaciones de sufrimiento emocional.
Comprender las necesidades de cada estudiante es fundamental para ofrecer un acompañamiento adecuado, tanto en la escuela como en el entorno familiar. En una entrevista con Asuntos Docentes, la médica pediatra Micaela Lupiano, diplomada en neurodesarrollo y magíster en neuropsiquiatría y neuropsicología infantojuvenil, abordó las características del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), las estrategias para acompañar a quienes lo presentan y los desafíos vinculados con la salud mental durante la adolescencia.
TDAH: diagnóstico temprano y acompañamiento escolar
Según definió la especialista, “el TDAH es el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad. Nosotros lo agrupamos en tres áreas importantes para tener en cuenta”. La inatención, que dificulta sostener la concentración, seguir instrucciones y organizar tareas. La hiperactividad, relacionada con una inquietud motora excesiva para la edad. Y la impulsividad, que puede expresarse en interrupciones o dificultades para esperar turnos.
Sin embargo, la presencia de alguna de estas conductas no implica necesariamente un diagnóstico. “Necesitamos que estos síntomas sean persistentes en el tiempo, que sean inapropiados para el nivel de desarrollo del niño o niña. Y que generen un deterioro funcional, o sea que interfieran en su vida diaria, en todos lados. Tanto en la escuela como en casa”.
La detección temprana permite comprender las dificultades que atraviesa cada estudiante y ofrecerle herramientas acordes a sus necesidades. “Recibir un apoyo a tiempo reduce muchísimo la frustración, el sentimiento de culpa”, señaló Lupiano. Además agregó que esto puede favorecer la autoestima y el bienestar emocional y la salud mental en general.
En el ámbito escolar, el acompañamiento puede incluir rutinas claras, consignas breves y directas, ayuda para organizar las tareas y los materiales, y pausas planificadas para canalizar la inquietud motora. También pueden ser necesarias adaptaciones que faciliten el acceso a los aprendizajes. Estas medidas requieren una articulación entre docentes, familias y profesionales de la salud para responder a las necesidades particulares de cada estudiante.
La especialista también se refirió al tratamiento farmacológico y a los prejuicios que todavía lo rodean. Aclaró que no todos los casos requieren medicación y que, cuando está indicada, debe ajustarse a cada paciente y contar con seguimiento profesional. Su función es contribuir al manejo de los síntomas, pero no reemplaza el acompañamiento terapéutico, familiar y escolar.
Salud mental adolescente: la importancia de escuchar
Durante la entrevista, Lupiano abordó la problemática de las autolesiones y expresiones suicidas en adolescentes. En este punto, destacó la importancia de que los adultos puedan reconocer las señales de sufrimiento y puedan “escuchar con calma. Tomar en serio lo que está diciendo la otra persona. Sin juzgar, sin minimizar, sin comparar”.
La especialista advirtió que no se debe desestimar una manifestación de sufrimiento como una simple búsqueda de atención. Por el contrario, propuso preguntarse qué necesita esa persona y qué situación está intentando expresar.
En caso de que este tipo de conversaciones se de entre adolescentes, Lupiano destacó la importancia de recurrir a un adulto de confianza, y de buscar acompañamiento profesional, y que esto no tiene que ser considerado un estigma. Si hay un riesgo inmediato, la especialista enfatizó en no dejar sola a la persona y acudir a un servicio de urgencias inmediatamente.
La médica también hizo una distinción importante entre los trastornos del neurodesarrollo y las conductas de riesgo. Aunque pueden existir asociaciones entre estas condiciones y determinadas dificultades neurológicas, tener un diagnóstico de TDAH u otra neurodivergencia no significa que una persona vaya a desarrollar conductas de riesgo. La preocupación está puesta, entre otros aspectos, en que las dificultades no permanezcan invisibilizadas y sin acompañamiento.
Lupiano invitó a las familias a construir espacios de comunicación genuina con los jóvenes y adolescentes. En lugar de limitarse a preguntas rutinarias sobre la escuela o las actividades del día, propuso que los adultos también compartan sus propias experiencias para abrir el diálogo, y generar confianza. “Para que el adolescente nos cuente, tenemos que también nosotros contarles”.
Acompañar a los jóvenes requiere prestar atención a sus necesidades, tomar en serio lo que expresan y construir vínculos que les permitan pedir ayuda. Pero, por sobre todo esto, Lupiano destacó que “volvemos a que la escucha es lo principal. Porque no hace falta tener una respuesta para ese adolescente. Simplemente hace falta tener un oído. Obviamente, si el comportamiento o el estado emocional nos preocupa, vale la pena hablar, escuchar, consultar. Porque pedir ayuda no es ponerle la etiqueda al adolescente de ‘problemas’. Sino es decirle ‘te entendemos y queremos ver qué te está pasando y encontrar la mejor manera de acompañarte'”.

