La pregunta como recurso pedagógico

La pregunta como recurso pedagógico

Flavia Sarquís, coach educacional, enfatizó en la importancia de darle un lugar en el aula a la pregunta. Es una herramienta que “no solamente es importante para potenciar aprendizajes”, sino que se trata de un recurso de alto valor pedagógico.

La especialista advirtió que una conversación pedagógica adecuada va a favorecer el potenciar aprendizajes o no. Y la pregunta juega un papel fundamental en esto. “Es un tema que a mí siempre me inquieta, justamente como coach. El coaching está entrenado más para la escucha que para la pregunta. Y entiendo, y creo desde mi punto de vista, que los educadores deberíamos entrenar mucho más la escucha, y dar mucho más espacio a la pregunta del estudiante”.

Sarquís aclaró que cuando se refiere a la pregunta, habla de aquellos interrogantes “que interpelan. Que dejan al interlocutor pensando, que le permiten cambiar su punto de vista. Revisar por qué dijo lo que dijo, o por qué no dijo lo que no dijo. Me parece que esas son las preguntas que deberían empezar a ocupar un mayor espacio dentro de las aulas”.

En palabras de la coach, “la escuela tradicional ha potenciado la pregunta del docente por sobre la pregunta del estudiante”. Ante esta situación, los chicos y chicas “siempre están respondiendo aquello que nosotros queremos preguntar, y queremos escuchar. Entonces, necesitamos, paulatinamente, invertir esa dinámica”.

Que los estudiantes sean quienes formulan las preguntas, va a equilibrar su nivel de compromiso. Muchos docentes ven falta de participación, de compromiso. “Bueno, uno de los puntos a revisar, tiene que ver con en qué medida pueden participar”.

Uno de los primeros pasos a para poder empezar a trabajar con las preguntas como recursos pedagógicos, es la confianza. “Esta sería como la cuestión emocional de la pregunta en el aula. ¿Por qué el estudiante no pregunta?” Una posible respuesta puede ser el carácter del estudiante, la vergüenza, independientemente del nivel en el que se enseñe. “Podemos tener estudiantes que no preguntan por vergüenza. Y deberíamos abordar la gestión de esa emoción en este caso”.

“A veces la pregunta de un estudiante no está porque no siempre encuentra respuesta. O no siempre siente ser escuchado. Y, a veces, porque suponen que su pregunta va a ser equivocada. Esto va directamente asociado a aquello punitorio que tiene el aprendizaje todo el tiempo”, declaró Sarquís. El qué van a pensar los demás, o los propios docentes, son factores de confianza que pueden condicionar la pregunta en el aula.

Existe también una dimensión cognitiva, ligada a la comprensión. “Una de las razones de la no pregunta, puede tener que ver con que no estoy comprendiendo lo que está pasando. Como no entiendo, no pregunto. Y uno diría, bueno, en realidad tendrían que preguntar porque no entienden. No, porque en realidad no entienden lo que está sucediendo”. No se trata de no animarse a preguntar, sino que el estudiante no puede preguntar porque no comprende de lo que se está trabajando.

“Si yo a un estudiante, por ejemplo, invito a los colegas que lo hagan, en una evaluación, les pido, en vez de que contesten mis preguntas, que hagan preguntas sobre lo trabajado, nos vamos a dar cuenta en qué medida saben. Nadie puede preguntar lo que no sabe”. Cuando el estudiante pregunta, el docente puede dar cuenta de su comprensión.

Un tercer obstáculo para la presencia de las preguntas en las clases, es la falta de tiempo. “No puedo estar dándoles lugar a que todos pregunten, porque no termino la clase”, dijo la especialista. Una opción para generar espacios de preguntas en este caso, pueden ser consignas escritas, o tal vez instalar algunas en una clase y otras en la siguiente. Pero es importante destacar ese espacio, para “que la pregunta no aparezca como un obstáculo del tiempo. Sino como un enriquecimiento del tiempo”.

La coach destacó la necesidad de valorar las preguntas como recurso pedagógico. “Incluirlas en cada actividad, y en cada estrategia de aprendizaje. Sumarlas a instancias de evaluación como producción del estudiante. Ampliar su lugar en cada clase. En las planificaciones didácticas con una intencionalidad, con un propósito. Y pensarlas como un contenido a ser aprendido”.

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