La doctora en Educación Vanina Daraio presentó el libro Terminar el secundario. Entre fiestas y angustias frente al futuro, escrito junto a Sergio Rascovan y publicado por Ediciones Noveduc. La obra recupera una investigación nacional sobre las experiencias, expectativas y proyectos de quienes transitan el último año de la escuela secundaria.
La finalización de la escuela secundaria representa mucho más que el cierre de una etapa educativa. Para quienes atraviesan ese momento, conviven la celebración por lo vivido, la incertidumbre frente a lo que viene y las preguntas sobre un futuro que no siempre ofrece las mismas posibilidades. Estas experiencias son el punto de partida de Terminar el secundario. Entre fiestas y angustias frente al futuro, el libro de Sergio Rascovan y Vanina Daraio, quien presentó sus principales contenidos y reflexiones en una entrevista con Asuntos Docentes.
Daraio, doctora en Educación, magíster en Educación por la UNSAM y licenciada y profesora en Educación Media y Superior en Psicología por la UBA, explicó que la publicación surge de un proyecto de investigación desarrollado desde la Asociación de Profesionales de la Orientación de la República Argentina (APORA). El trabajo reunió las voces de 1298 estudiantes de 50 escuelas secundarias de distintas regiones del país, con el propósito de conocer qué piensan sobre su futuro, qué proyectos imaginan y cuáles son los factores que pueden facilitar u obstaculizar su concreción.
Terminar una etapa: entre los festejos y las angustias
Uno de los fenómenos que permite comprender las experiencias juveniles durante el último año de secundaria es el Último Primer Día. Daraio lo describió como una paradoja: «El último primer día que inaugura el último año de escuela secundaria, que es una forma de empezar terminándolo». La celebración marca el comienzo de un período atravesado por distintas despedidas y finalizaciones, que no se limitan al calendario escolar.
En ese sentido, la investigadora señaló que la alegría por los festejos convive con la pérdida de aquello que se deja atrás. «Estamos escolarizados desde la infancia. Entonces, tenemos que pensar también en clave de que somos subjetividades escolarizadas desde hace muchos años», explicó. La finalización de la secundaria implica así el cierre de una experiencia que acompañó a los estudiantes durante buena parte de sus vidas y que forma parte de su construcción subjetiva.
Desde esta perspectiva, el Último Primer Día constituye una oportunidad para reflexionar sobre las formas en que las juventudes expresan sus experiencias y expectativas. Para Daraio, resulta necesario superar tanto las miradas que romantizan estas celebraciones como aquellas que las reducen a situaciones de peligro, excesos o comportamientos que deben ser sancionados. En cambio, propone interrogarlas como manifestaciones de una época y preguntarse qué expresan sobre las vivencias de quienes están terminando la escuela.
Esta lectura también interpela a las instituciones educativas. Acompañar a los estudiantes en la transición requiere reconocer las incertidumbres que atraviesan y generar espacios donde puedan poner en palabras sus inquietudes, en lugar de limitar las intervenciones a respuestas punitivas.
Los proyectos de futuro y las desigualdades de origen
Otro de los aportes centrales de la investigación es mostrar que las expectativas posteriores a la secundaria no son homogéneas. Las decisiones sobre qué hacer una vez finalizada la escolaridad están condicionadas por las posibilidades económicas, sociales y culturales de cada estudiante.
Entre las alternativas identificadas aparecen la continuidad de los estudios universitarios, la formación en oficios y el ingreso a instituciones vinculadas con las fuerzas de seguridad. Sobre estas opciones, Daraio destacó el atractivo que todavía conserva la universidad pública, pero también señaló que otras trayectorias responden a la necesidad de acceder a una capacitación que permita obtener un ingreso y alcanzar estabilidad laboral.
La posibilidad de tomarse un tiempo antes de decidir también forma parte de los proyectos juveniles, aunque no está igualmente disponible para todos. Contar con recursos económicos puede permitir postergar una elección, explorar alternativas o esperar hasta encontrar una orientación que resulte satisfactoria. Para quienes no disponen de esas condiciones, las decisiones suelen estar más estrechamente vinculadas con la necesidad de incorporarse al mundo del trabajo.
La investigación permite reconocer, de este modo, que los proyectos de futuro se construyen en contextos desiguales y que las expectativas individuales no pueden comprenderse al margen de esas condiciones. Escuchar a los estudiantes resulta fundamental para conocer no solamente qué desean hacer, sino también qué obstáculos identifican en el camino hacia sus objetivos.
Al recuperar las voces de quienes están terminando la escuela secundaria, el libro propone herramientas para pensar la orientación y el acompañamiento educativo desde una perspectiva que contemple la diversidad de experiencias. Como destacó Daraio al referirse al valor de la investigación, se trata de conocer qué están pensando los jóvenes, cómo imaginan sus proyectos y qué condiciones pueden ayudarlos —o dificultarles— concretarlos.

