Carina Kandel, licenciada en Ciencias Biológicas y magíster en Evaluación de Impacto Ambiental, reflexionó sobre los desafíos de incorporar las problemáticas socioambientales en las aulas. La especialista destacó la importancia de superar las miradas centradas exclusivamente en los hábitos individuales y promover experiencias de investigación, pensamiento crítico y construcción colectiva.
La educación ambiental requiere mucho más que transmitir conocimientos sobre los ecosistemas o promover hábitos cotidianos de cuidado. También implica comprender los conflictos que atraviesan los territorios, reconocer las distintas responsabilidades involucradas y generar herramientas para intervenir colectivamente. Desde esa perspectiva, Carina Kandel, formadora y docente universitaria, compartió en Asuntos Docentes algunas reflexiones sobre la enseñanza de las ciencias naturales. Además, reflexionó sobre el lugar de las problemáticas ambientales en la formación escolar.
Licenciada en Ciencias Biológicas y magíster en Evaluación de Impacto Ambiental, Kandel planteó que la conservación de la biodiversidad está directamente relacionada con el bienestar humano. Los ecosistemas constituyen redes complejas de relaciones entre los seres vivos. Estas redes fueron construidas a lo largo de miles de años, y su recuperación no siempre es posible después de una alteración.
«Cuidar la biodiversidad tiene que ver con cuidarnos nosotros mismos. La red de relaciones entre los seres vivos que conforman los ecosistemas no se puede repetir inmediatamente», explicó.
Los problemas ambientales y las distintas escalas de responsabilidad
Durante la entrevista, Kandel también se refirió a diferentes conflictos socioambientales que atraviesan actualmente a la Argentina. Entre ellos, mencionó las consecuencias del uso de agroquímicos, y las investigaciones científicas sobre sus efectos en la salud. Además, se refirió a los proyectos de explotación minera en zonas próximas a glaciares y las intervenciones sobre los cursos de agua para facilitar el transporte de grandes embarcaciones.
Al abordar estas situaciones, la especialista destacó la importancia de reconocer que las problemáticas ambientales no pueden explicarse únicamente a partir de las decisiones individuales. Si bien los hábitos individuales forman parte de la responsabilidad cotidiana, existen otras dimensiones que requieren un análisis más amplio.
«Hay cuestiones que son individuales, pero tienen que ver con nuestros hábitos de consumo, con el cuidado del agua, de los residuos y otras cuestiones que van mucho más allá de reciclar. Es mucho más complejo el tema. Y hay otra cuestión que es central y es que los problemas ambientales ocurren a escalas locales, regionales, políticas. Entonces, limitarlo a lo que podemos hacer las personas individuales es quedarnos en algo muy corto, o sea, no estamos atendiendo el problema», sostuvo.
Desde esta perspectiva, consideró que la escuela tiene un papel importante en la posibilidad de acercar estas discusiones a los estudiantes. Conocer problemáticas que ocurren en otros territorios puede ser un punto de partida, pero también resulta necesario establecer vínculos con el entorno cotidiano y las experiencias de la comunidad.
La educación ambiental, además, no debería quedar restringida al campo de las ciencias naturales. Kandel señaló que estas cuestiones también involucran dimensiones sociales y éticas, por lo que su abordaje requiere una perspectiva transversal. Como ejemplo, recordó una experiencia desarrollada durante una residencia docente en la Escuela Normal Superior N.º 1 de la Ciudad de Buenos Aires, donde una unidad didáctica sobre el sonido se transformó en un proyecto de investigación sobre contaminación sonora. Los estudiantes realizaron mediciones en las inmediaciones de la institución y dentro del propio edificio escolar, en diferentes horarios y espacios.
Enseñar ciencias: investigar, observar y construir conocimientos
Al reflexionar sobre la formación docente, Kandel destacó especialmente el valor del intercambio profesional y el aprendizaje entre pares. Para ella, buena parte de sus conocimientos más significativos surgieron de las discusiones y experiencias compartidas con otros maestros, maestras y capacitadores.
«Ese intercambio, leyendo y discutiendo con pares, es lo que yo valoro más como espacio de aprendizaje. Más que los momentos de sentarme a leer con bibliografía, o tal vez en pequeñas investigaciones. Pero sobre todo el intercambio con pares, donde desde el hacer juntos, poner en práctica y revisar qué pasó, volvemos a replantear los problemas o las discusiones. Encontramos nuevas aristas y seguimos avanzando juntos», expresó.
Esta concepción también atraviesa su mirada sobre la enseñanza de las ciencias naturales. La especialista advirtió que todavía existe un peso excesivo en la transmisión de conceptos, mientras que reciben menos atención las experiencias y herramientas necesarias para investigar y construir conocimientos.
Consultada sobre qué aspectos deberían priorizarse en las aulas, propuso poner el foco en los llamados «modos de conocer»: la observación directa, las salidas didácticas, la formulación de preguntas, los debates, el registro de información y la búsqueda crítica de fuentes. Se trata de ofrecer a los estudiantes experiencias variadas de contacto con los fenómenos naturales, que les permitan comprenderlos, valorarlos y desarrollar sus propias preguntas.
Entre las alternativas para llevar estas propuestas a la práctica, mencionó el estudio de casos a partir de noticias periodísticas, la lectura de mapas, el análisis de materiales audiovisuales, las salidas de campo y las entrevistas a personas involucradas en distintas problemáticas. También destacó la posibilidad de recuperar relatos de las comunidades y generar espacios de intercambio con especialistas y otros actores sociales.
Finalmente, Kandel invitó a los docentes interesados en profundizar estas experiencias a ponerse en contacto con ella para intercambiar proyectos y secuencias didácticas. Su propuesta recupera una dimensión fundamental de la educación ambiental: reconocer aquello que afecta a las comunidades, pensar colectivamente cómo abordarlo y construir respuestas que permitan defender los derechos involucrados.
«En esto entra también lo ambiental. El ser consciente de qué hacemos y qué es lo que fomentamos desde la escuela para trabajar de manera comunitaria. Para visibilizar lo que nos toca y pensar juntos cómo resolverlo. Cómo gestionarlo. Cómo nos unimos para pensar o reclamar a quien corresponda el cuidado y el respeto de esos derechos», concluyó.

