Alfabetizar es abrir oportunidades para volver a mirar las trayectorias escolares

Alfabetizar es abrir oportunidades para volver a mirar las trayectorias escolares

La docente y especialista en alfabetización Liliana Manente reflexionó sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje al cierre del ciclo lectivo. Subrayó la importancia de las intervenciones específicas como una forma de inclusión y acompañamiento, y destacó el papel de las familias en el sostenimiento de las trayectorias educativas.

Al finalizar el año escolar, los docentes enfrentan un momento clave: el balance pedagógico. Para Liliana Manente, este cierre no es solo una instancia de evaluación, sino una oportunidad para revisar las trayectorias escolares con mirada integral. “En este periodo, las intervenciones docentes cobran un sentido profundo. Más que nada, no se trata de sancionar, ni de señalar lo que falta, sino de cuidar aquellos procesos de aprendizaje”, sostiene. También comentó que esta aclaración es importante porque “cuando la escuela propone intervenciones específicas no está marcando un fracaso, sino una oportunidad”.

Las estrategias que se despliegan —como actividades diferenciadas, aulas flexibles o periodos de intensificación— tienen como objetivo consolidar aprendizajes y reforzar la confianza de cada estudiante. “Es un trabajo que busca no solo afianzar saberes, sino también reforzar la autoestima y la confianza en sí mismos”. Estas acciones, lejos de ser medidas excepcionales, forman parte de una pedagogía del cuidado que reconoce los distintos ritmos y necesidades.

Según la especialista, las intervenciones se diseñan a partir de un seguimiento continuo. “Nada se hace al azar. Se analizan los saberes, los avances, se conversa en equipo con directivos, con el equipo de orientación escolar, y finalmente se comparte con las familias”, explica. En ese proceso, la participación de las familias es fundamental como parte activa del proceso. “Las familias no deben sentirse ajenas, sino amigas de la escuela. Aliadas”

La escuela, entonces, se convierte en un espacio de inclusión activa. Las aulas flexibles permiten que otro docente intervenga para acompañar de manera más personalizada, en un clima de respeto y confianza. Mientras que las actividades diferenciadas dentro del aula ajustan consignas y materiales para favorecer la comprensión según los diferentes tiempos y modos de aprender. Todo esto “sin perder el sentido del grupo ni del trabajo compartido”. Los periodos de intensificación, por su parte, ofrecen instancias focalizadas para consolidar contenidos prioritarios.

“En definitiva, intervenir es acompañar”, concluyó Manente. “Intervenir es creer que siempre hay un tiempo para aprender y mejorar. Y este último tramo del año nos invita justamente a eso. A seguir tejiendo puentes entre la escuela, los estudiantes, las familias. Para que cada trayectoria escolar pueda continuar de la mejor manera posible”.

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