Flavia Sarquís propone redescubrir el sentido del periodo de diagnóstico. El objetivo es priorizar el desarrollo de capacidades críticas y habilidades socioemocionales por sobre la simple acumulación de datos.
¿El diagnóstico es un simple trámite administrativo, o la base de la equidad educativa? Para la especialista en coaching educacional, Flavia Sarquís, diagnosticar es el primer acto de respeto hacia la individualidad de cada alumno. Ante la presión de los plazos rígidos y los informes estandarizados, Sarquís destaca la necesidad de “hacer un stop” para reconocer el capital cultural del aula y ajustar la planificación a las necesidades reales del grupo.
El inicio del ciclo lectivo invita a los docentes a una reflexión profunda sobre cómo es el vínculo con el saber y con el otro. En entrevista con Asuntos Docentes, la coach propuso abandonar “la metáfora de la hoja en blanco” para trabajar sobre una “hoja llena de historias”. Así el estudiante deja de ser un objeto de medición de resultados para convertirse en protagonista real de la planificación.
Bajo la mirada de Sarquís, el diagnóstico deja de ser una prueba aislada para transformarse en un mapeo de realidades. Este proceso es fundamental para lograr aprendizajes situados que atiendan la diversidad del aula. “Muchas veces, ese diagnóstico se siente como una formalidad de marzo que estamos acostumbrados a hacer. Que lo pensemos como un primer acto de respeto y equidad educativa es un desafío”. Pero el desafío permite fundamentar decisiones pedagógicas que reconozcan las fortalezas y los desafíos particulares de cada grupo, garantizando que nadie quede fuera del proyecto de enseñanza.
Uno de los aportes más disruptivos de la propuesta es la noción del “diagnóstico invisible”. La entrevistada sostiene que los docentes deben ampliar su lente para observar aquello que no aparece en una evaluación tradicional: Las habilidades sociales, emocionales y los modos de convivir. Evaluar la autonomía, por ejemplo, puede requerir proponer “desafíos corporativos”, donde el docente observe quién lidera o cómo resuelven problemas en equipo, en lugar de simplemente preguntarles cómo se sienten.
“Soltar la obsesión por el dato académico” es fundamental en este sentido. En lugar de verificar si un estudiante recuerda una fecha histórica o una fórmula, el foco debe estar en su capacidad de operar con el conocimiento. Diagnosticar, en este sentido, es saber si un estudiante puede formular una hipótesis o pensar históricamente un proceso, más allá de la memoria a corto plazo.
El cambio de paradigma requiere, necesariamente, el respaldo institucional. Sarquís enfatizó en la necesidad de que los equipos directivos puedan flexibilizar los plazos administrativos. Sobre todo con las particularidades de cada grupo y docente, como aquellos con pocas horas semanales en el aula.
La planificación de febrero debe ser apenas una tentativa que se valide en el encuentro con el aula, recordó la especialista. El docente debe tener la libertad de corregir y adecuar su hoja de ruta en función de lo que el grupo le demanda. En palabras de la entrevistada, “recordar siempre que el diseño no manda, o no debería mandar. El diseño orienta”. La decisión final tiene que estar basada en la interacción con los estudiantes.
El éxito de un año escolar no se puede medir por la cantidad de temas cubiertos, sino por las capacidades que los estudiantes logran consolidar para seguir aprendiendo. En palabras de Sarquís, “el contenido se va a recuperar rápido. Pero si no se tiene la habilidad, el contenido es solo información que se va a olvidar en abril. Nosotros necesitamos conocer habilidades”.


