La especialista en neuroeducación, mindfulness y educación emocional aplicada, Fabiana Bovazzi, abordó los desafíos que enfrentan los adolescentes en un contexto de hiperconectividad. Además, explicó cómo la atención plena puede contribuir al autoconocimiento y a la construcción de vínculos en el ámbito educativo.
La inmediatez, el uso constante de dispositivos y las dificultades para establecer conexiones personales son algunos de los desafíos que atraviesan la adolescencia contemporánea. Frente a este escenario, Fabiana Bovazzi, referente en neuroeducación, mindfulness y educación emocional aplicada, propone recuperar la atención al momento presente. El objetivo es fortalecer el papel de los adultos en el acompañamiento de los jóvenes.
Autora del libro Mindfulness para adolescentes, publicado por Editorial Bonum, Bovazzi compartió en Asuntos Docentes conceptos y herramientas para comprender las necesidades de los estudiantes. Estas permiten promover una relación más consciente con la tecnología, las emociones y los demás.
Adolescencia e hiperconectividad: los desafíos de la atención y los vínculos
La especialista advierte sobre el ritmo acelerado actual, y la búsqueda permanente de estímulos, que dificultan la construcción de espacios de pausa y encuentro. En este contexto, utiliza la expresión «adolescentes zapping» para describir una dinámica de saltos constantes entre canales, plataformas y contenidos, que también se manifiesta en las interacciones cotidianas.
Bovazzi señala, además, las dificultades para sostener la atención durante las clases y las conversaciones, así como los desafíos relacionados con la planificación y la toma de decisiones. Estas situaciones forman parte de las preocupaciones que enfrentan los educadores al intentar generar condiciones propicias para el aprendizaje y la convivencia.
Otro aspecto relevante es la diferencia entre contactar y conectar. Mientras que las aplicaciones permiten mantener contactos de manera permanente, la conexión humana requiere una interacción que vaya más allá de las pantallas, con atención a la mirada, la escucha y la presencia del otro.
Las experiencias en los entornos virtuales también pueden repercutir en la vida escolar. Según relató la entrevistada, los lunes suelen aparecer conflictos originados durante el fin de semana, vinculados con invitaciones que no se concretaron, situaciones de exclusión y episodios de acoso escolar o virtual. Frente a estas circunstancias, el acompañamiento de los adultos resulta fundamental para comprender lo que atraviesan los adolescentes y ayudarlos a construir vínculos saludables.
Mindfulness: autoconocimiento y presencia en el aula
Bovazzi presenta el mindfulness como una práctica de atención intencional al momento presente, sin juzgar lo que sucede. Su propuesta busca que los adolescentes puedan reconocer sus sensaciones y emociones, tomar conciencia de sus estados internos y desarrollar una relación más consciente con sus experiencias cotidianas.
Para ello, plantea la importancia de conectar no solamente con los cinco sentidos tradicionales, sino también con la propiocepción y la interocepción. La primera permite tomar conciencia del propio cuerpo, mientras que la segunda se relaciona con la percepción de los estados internos, como el hambre, el dolor o determinadas sensaciones asociadas con las emociones.
En el ámbito educativo, estas prácticas pueden incorporarse mediante ejercicios breves de respiración y momentos de reconocimiento emocional. Por ejemplo, el docente puede comenzar la clase consultando cómo se sienten los estudiantes, anticipando las actividades de la jornada o proponiendo una pausa antes de una evaluación. Estas instancias permiten generar un espacio de toma de conciencia antes de abordar las exigencias académicas.
La especialista también propone promover un uso consciente de la tecnología, en lugar de limitarse a prohibirla. Observar el tiempo dedicado a las pantallas y reconocer cómo determinadas interacciones afectan el bienestar son algunas de las posibilidades para desarrollar una relación más saludable con los dispositivos. En este proceso, la familia y la escuela comparten la responsabilidad de acompañar a los jóvenes y advertir posibles situaciones de riesgo.
Sin embargo, la propuesta no se limita a ofrecer herramientas para que los adolescentes regulen sus emociones. Bovazzi sostiene que los adultos también necesitan trabajar sobre sí mismos para poder acompañarlos. Para los docentes y futuros educadores, esto implica desarrollar la propia conciencia y aprender a escuchar sin que las urgencias cotidianas desplacen las necesidades de los estudiantes.
En ese sentido, la especialista destaca el valor de la presencia docente como parte fundamental de la tarea educativa: «Y realmente, cuando un adolescente viene con una pregunta, o le viene a decir, “profesora quiero hablar con usted”, escucharlo realmente. Y estar ahí presente para él. Para mí, la presencia docente es fundamental».

