La psicóloga y ex diputada nacional Mara Brawer analizó la crisis que atraviesa el sistema educativo y planteó la necesidad de recuperar la escuela como espacio de comunidad. Un lugar para el diálogo y construcción de autoridad, sin trasladarle responsabilidades que exceden sus funciones.
La desconexión social también atraviesa a las instituciones educativas. En el contexto de aislamiento, de debilitamiento de los vínculos y dificultades que enfrentan muchos jóvenes, Mara Brawer considera que la escuela conserva un papel central como espacio de comunidad. Sin embargo, advierte que para cumplir esa función necesita tanto una comunidad comprometida como un Estado que sostenga las condiciones necesarias para hacerlo.
“Estamos viviendo momentos de mucha desconexión como comunidad”, sostuvo Brawer. La ex diputada nacional es autora de la Ley 26.892 de promoción de la convivencia y el abordaje de la conflictividad social en instituciones educativas. Para la entrevistada, los jóvenes también expresan una demanda de acompañamiento frente a esta situación, y la escuela puede ofrecer un espacio fundamental para reconstruir los vínculos.
Construir autoridad para reconstruir comunidad
Frente a este escenario, Brawer plantea repensar también la manera en que se construye la autoridad dentro de las instituciones. Lejos de entenderla como una imposición, propone una autoridad pedagógica basada en el diálogo, la comunicación y la participación.
“Construir autoridad pedagógica es tener un vínculo de conducción en la escuela que implique conducir en base al diálogo y la comunicación”, explicó. Esto supone que los órganos de participación funcionen y que exista una escucha real de estudiantes y docentes, sin que eso implique eliminar la capacidad del docente de tomar las decisiones finales.
Para Brawer, esta construcción de autoridad está vinculada directamente con la pertenencia. La falta de filiación puede generar en los estudiantes una sensación de desamparo. Mientras que una institución capaz de escuchar y establecer vínculos también puede contribuir a que quienes la integran se sientan parte de una comunidad.
En ese sentido, la escuela puede desempeñar un papel importante frente al padecimiento subjetivo que atraviesan muchos jóvenes. Sin embargo, la entrevistada también advierte sobre los límites de esa responsabilidad. La institución puede acompañar y contribuir al bienestar de sus estudiantes a través de la enseñanza y la construcción comunitaria, pero no puede convertirse en el espacio encargado de resolver por sí solo problemáticas que requieren respuestas de otros ámbitos.
“Todo lo demás se tiene que solucionar en otro ámbito. Cada vez más tenemos que pensar que la escuela no es el lugar para solucionar los males de la sociedad. Porque ya esta altura creo que pensarlo es irresponsable”, sostuvo.
Un Estado presente y una comunidad que se organiza
La construcción de comunidad, además, no puede desligarse de las condiciones materiales en las que funcionan las escuelas. Brawer sostiene que el Estado debe asumir un papel activo en el sostenimiento de la educación mediante salarios adecuados, formación docente permanente y accesible y condiciones edilicias dignas. Y esta es una discusión que no puede darse con las políticas llevadas adelante por la gestión nacional actual, la cual “considera que debe educarse, el que quiera educarse, el que puede educarse, que el estado no tiene nada que ver con esto. Propone que no haya escuela. Que los chicos se eduquen en sus casas”.
La necesidad de fortalecer la educación pública adquiere una dimensión particular en un contexto de desigualdad. Según Brawer, las dificultades para garantizar el derecho a la educación se hacen especialmente visibles en la escuela secundaria, donde las diferencias sociales atraviesan las trayectorias estudiantiles y complejizan los objetivos de la institución.
Frente al repliegue de las estructuras estatales, la entrevistada también plantea la necesidad de desarrollar formas de organización desde el territorio. Define esta estrategia como “microorganización” y ubica a la escuela, junto con la comunidad, como un espacio privilegiado para construir redes de acompañamiento y solidaridad.
La propuesta no supone reemplazar la responsabilidad estatal, sino reconocer que la comunidad educativa también puede organizarse para sostener vínculos concretos frente a las dificultades del presente. La escuela puede ser un lugar donde docentes, estudiantes, y familias encuentren herramientas para acompañarse, participar y recuperar la pertenencia.
En ese sentido, sostener la educación pública no implica solamente garantizar el funcionamiento de las instituciones, también supone preservar uno de los primeros espacios en los que niños y jóvenes experimentan la vida en comunidad, aprenden a vincularse con otros y construyen su relación con la sociedad.
Para Brawer, recuperar esa dimensión comunitaria es parte de la respuesta frente a una época atravesada por la desconexión. La escuela no puede resolver por sí sola la crisis social, pero sí puede seguir siendo uno de los lugares desde donde construir vínculos, ejercer derechos y encontrar formas colectivas de atravesarla.
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