La especialista en coaching educacional, Flavia Sarquís, analiza cómo abordar el conflicto con las familias desde una mirada profesional. Cuidar la autoestima, y la identidad docente a través de la escucha activa, límites claros y respaldo institucional como ejes clave para la labor docente.
En diálogo con Asuntos Docentes, Sarquís explica que muchas veces el desgaste no proviene únicamente del conflicto en sí. Sino de la forma en que se lo vive internamente. Angustia, enojo, frustración y una sensación constante de estar a la defensiva atraviesan a muchos docentes, afectando profundamente lo emocional y, en algunos casos, empujándolos a tomar licencia, abandonar la profesión o simplemente “contar los días” hasta la jubilación.
“Cuando una familia viene con enojo o con una queja, eso puede estar fuera de lugar, pero yo no puedo evitar lo que el otro dice o hace. Lo que sí puedo decidir es qué hago yo con eso: si me lo llevo puesto como algo personal o si lo ubico en un plano profesional”, señala la especialista. En ese sentido, subraya la importancia de comprender que lo que ocurre no siempre es un ataque al docente, sino la expresión de un malestar que tiene otras causas.
Uno de los ejes centrales de su planteo es la escucha activa. Sarquís advierte que muchas veces las familias no buscan tener razón, sino ser escuchadas. “Detrás del reclamo puede haber una familia que no sabe qué hacer con su hijo. Entonces, primero hay que recibir a ese padre o madre. No a la defensiva, sino dispuestos a escuchar”, explica. Además aclaró que escuchar no implica ceder ni perder autoridad, sino generar un espacio donde el conflicto pueda empezar a ordenarse.
La especialista es clara en un punto clave: no se puede dialogar si no hay calma. “Una persona calmada es la única que puede dialogar. No intentemos dialogar cuando la otra parte no está calmada”, afirma. Desde el coaching, propone una herramienta fundamental: objetivar el hecho, separar lo que efectivamente ocurrió de las interpretaciones, los juicios y los temores personales. Esa distinción permite que la conversación se corra del plano emocional al plano profesional.
El trabajo preventivo también ocupa un lugar central. Los conflictos no deberían abordarse solo cuando “estallan”. En este sentido, anticiparse implica tener acuerdos claros con las familias, sostener canales de comunicación formales, frecuentes y transparentes, y dejar por escrito los criterios de evaluación y los procesos institucionales. “Reposicionarse como profesional con autoridad es fundamental, sobre todo cuando se discuten valores o decisiones pedagógicas”, sostiene.
Otro aspecto clave del autocuidado es no enfrentar los conflictos en soledad. La entrevistada recomienda nunca reunirse a solas con una familia en situaciones tensas, sino buscar el acompañamiento de un colega o un directivo que pueda contener, sostener o mediar. También sugiere tomarse unos minutos antes de cada encuentro para respirar, desconectar y preparar emocionalmente el espacio.
“Nosotros hemos ido cediendo terreno por temor a la reacción del otro, y ese temor nos hace actuar poco profesionalmente”, advierte Sarquís. Es fundamental que quede claro que marcar límites no es una actitud hostil, sino una forma de cuidar la tarea educativa y a quienes la ejercen. En otras palabras, “llevar el conflicto al plano profesional es una forma de cuidarnos y respetarnos”.
No te pierdas la conversación completa con Flavia Sarquís en este video


