El autor de “Informes y relatos pedagógicos en el Jardín” (Ediciones Noveduc) plantea revisar cómo los docentes narran los procesos de sus alumnos. En lugar de informes “desde arriba y desde lejos”, propone relatos que revelen el misterio y la humanidad del aprender.
La escritura pedagógica es una de las tareas más frecuentes y, al mismo tiempo, más complejas de la docencia. En el nivel inicial, las maestras y maestros deben elaborar dos o tres veces al año un informe que dé cuenta del recorrido de cada niño. Pero ¿qué mirada sobre el aprendizaje se construye cuando se elige una forma u otra de escribirlo? A esa pregunta intenta responder Daniel Brailovski, profesor e investigador en Educación, en su nuevo libro Informes y relatos pedagógicos en el Jardín, publicado por Ediciones Noveduc. Allí invita a repensar las tradiciones de la escritura evaluativa y a recuperar una voz más cercana, humana y reflexiva.
Brailovski distingue dos grandes modos de escribir sobre los procesos de aprendizaje. El primero, el informe evaluativo o de logros, se organiza como un inventario: enumera lo que el niño “puede hacer”, utiliza la tercera persona y busca ofrecer una visión completa, casi exhaustiva, del aprendizaje. “Esta forma de escribir mira al niño desde afuera. Yo también agregaría desde arriba y desde lejos. Como se mira si queremos ir al extremo, en una situación experimental”, explica. Este tipo de escritura genera la impresión de objetividad y dominio, aunque —advierte— corre el riesgo de convertir el acto de aprender en una secuencia de ítems verificables.
El segundo modo es el relato pedagógico, una práctica con raíces en la tradición de la escritura docente pero menos extendida en la actualidad. En lugar de enumerar logros, se detiene en un episodio significativo, narrado en primera persona, que permite mirar el aprendizaje desde adentro de la relación pedagógica. “Lo planteas como algo vivo, como algo que siempre está recubierto de un humilde halo de misterio. El aprendizaje no es algo tan nítido”, dice Brailovski, defendiendo la idea de que escribir también es una forma de comprender.
El autor aclara que no se trata de oponer una forma a la otra, sino de recuperar el equilibrio entre ambas. “Me gusta la imagen del Yin y el yang. Es ese símbolo chino muy antiguo en el que en el blanco hay un poquito de negro y en el negro hay un poquito de blanco, y hay una especie de equilibrio”, comenta. Así, propone pensar los informes y los relatos como complementarios, capaces de mostrar tanto los logros visibles como los procesos invisibles que sostienen el aprendizaje.
En tiempos en que la tarea docente suele medirse en resultados y planillas, la propuesta de Brailovski rescata el valor de escribir para mirar con más atención. Volver a narrar, dice, es también una manera de volver a enseñar.


