Acompañamiento educativo: una tarea que transforma a la escuela

Acompañamiento educativo: una tarea que transforma a la escuela

La filósofa, formadora y escritora María Beatriz Greco propuso repensar el significado del acompañamiento educativo desde una perspectiva de derechos. Lejos de entenderlo como una estrategia para “corregir” dificultades individuales, planteó que el verdadero desafío consiste en que la escuela se transforme para reconocer la diversidad de trayectorias y sostener el deseo de aprender.

Hablar de acompañamiento de trayectorias escolares implica mucho más que pensar en estrategias destinadas a estudiantes que enfrentan dificultades. Para María Beatriz Greco, filósofa, formadora, escritora y columnista de Asuntos Docentes a través de Palabras y Vínculos: la escuela que inventamos, el concepto atraviesa hoy un profundo cambio de paradigma que invita a revisar la propia organización de las instituciones educativas.

Desde esta perspectiva, el foco deja de estar puesto en adaptar al estudiante a un modelo único de escolaridad para preguntarse cómo puede la escuela ofrecer diferentes maneras de aprender, participar y construir conocimiento sin perder de vista el derecho a la educación.

De una mirada compensatoria al reconocimiento de las diferencias

Greco explicó que, durante muchos años, el acompañamiento escolar estuvo asociado a la idea de compensar las dificultades de determinados estudiantes. Sin embargo, esa concepción comenzó a modificarse a partir de un enfoque centrado en los derechos y en el reconocimiento de la diversidad presente en las aulas.

“El acompañamiento ya no quiere decir reparar a alguien que tiene una falla, sea intelectual, convivencial o de cualquier tipo que le impide adaptarse a la escuela. Lo que empezamos a pensar es que la propia escuela es la que tiene que mirarse hacia adentro para ofrecer diferentes formas de atravesar trayectorias”.

Según señaló, este cambio no implica disminuir las expectativas sobre los aprendizajes ni resignar calidad educativa. Por el contrario, supone comprender que enseñar a grupos diversos requiere generar múltiples caminos para alcanzar objetivos comunes.

“El tema está en cómo miramos las diferencias. Si siempre vamos a esperar que el grupo sea homogéneo y que todos marchen al mismo ritmo y lleguen al mismo lugar con los mismos aprendizajes, nos vamos a frustrar”, afirmó. Y agregó que “atender y acompañar las diferencias conduce a la igualdad. A que todos y todas puedan aprender”.

Para Grego, esa transformación también resignifica el papel de quienes enseñan. “Nuestro lugar docente, nuestra tarea es claramente una tarea política en el sentido amplio de la alabra. Estamos construyendo trama social”, sostuvo, al destacar que la escuela no solo transmite conocimientos, sino que también construye ciudadanía y reconoce a niños, niñas y jóvenes como sujetos de derecho.

Acompañar es construir vínculos y hacerlo de manera colectiva

Más allá de las definiciones conceptuales, Greco entiende el acompañamiento como una práctica cotidiana que se expresa, ante todo, en el vínculo pedagógico. Retomando una idea de la filósofa francesa Laurence Cornu, definió el acompañamiento como el acto de “caminar juntos”. Esta imagen, explicó, no elimina la asimetría propia de la relación entre docente y estudiante, sino que la resignifica desde el diálogo y la construcción compartida del conocimiento.

“Acompañar es caminar juntos. Caminar conversando. Y esa conversación no impide que vos seas la maestra y que quien va a tu lado sea tu alumno”, expresó. “Mientras caminás con él o ella, vas transmitiendo una manera de vincularte con el conocimiento. Y vas provocando deseo. El deseo de saber”.

En esa misma línea, destacó que el valor de la escuela trasciende la transmisión de contenidos. En un contexto donde las tecnologías amplían las posibilidades de acceder al conocimiento desde múltiples espacios, la institución educativa continúa ofreciendo una experiencia difícil de reemplazar: la posibilidad de aprender con otros y construir lo común sin perder de vista la singularidad de cada trayectoria.

Sin embargo, la especialista advirtió que ese acompañamiento no puede depender únicamente del compromiso individual de cada docente. Para que sea efectivo, requiere dispositivos institucionales, proyectos compartidos y una construcción colectiva que involucre a equipos directivos, docentes familias y comunidad educativa.

Esa mirada, explicó, permite que el acompañamiento deje de ser una carga individual para convertirse en una responsabilidad compartida por toda la institución.

Greco resumió esa convicción con una reflexión que pone en el centro el valor de los vínculos en la escuela. “Me parece que el hacer escuela es portador de eso. De amorosidad. De posibilidades que se abren y que uno no sabe hasta dónde. Hasta dónde esos pequeños gestos repercuten en los chicos, las chicas y las familias”.

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