Tiempos de decisiones: la evaluación en el aula.

Tiempos de decisiones: la evaluación en el aula.

En estos últimos meses en cada aula de nuestro país, los docentes definen la trayectoria escolar de muchos de los estudiantes que transitan su paso por la escuela.

Y hablar de evaluación corresponde al colectivo social de un término que tiende a pensar en examen que habilita según Shepard (2006) “un instrumento de poder que refleja un estilo de enseñanza conservador y autoritario que produce secuelas negativas en el desarrollo de los alumnos”.

Así la emisión de criterios acerca de la calidad de sus tareas de cada uno de nuestros estudiantes suele basarse en una información muy elemental: “si sabe leer y escribir, promueve”, “si realiza operaciones y comprende en forma autónoma está en condiciones de pasar”, “si realizó cada punto de la prueba de manera adecuada, cumple con las habilidades para promover al año siguiente”.

Sin embargo, puede que el término “evaluación” en vez de tener una función penalizadora, pueda ser considerado una práctica pedagógica que genere la información necesaria para el docente y tenga un carácter retroalimentador para los estudiantes, es decir, que sobre los errores observados, el estudiante no se sienta frustrado y abandone su aprendizaje, sino generar la idea sobre la posibilidad de reconstruir aquello que no está de manera correcta.

Así Shepard (2006) postula que:

“Para que los docentes sean eficaces en reforzar el aprendizaje de los estudiantes, deben comprobar constantemente la comprensión que éstos vayan logrando. Darles a conocer la importancia de que ellos mismos asuman la responsabilidad de reflexionar y supervisar su propio progreso en el aprendizaje. En otras palabras, la evaluación formativa, eficazmente implementada puede hacer tanto o más para mejorar la realización y los logros de los estudiantes mejorando su confianza y asegurando los aprendizajes”.

 

Cómo docentes, en estos meses de decisiones importantes en la continuidad de trayectorias de nuestros estudiantes, propongámonos pensar en una evaluación formativa, que no sólo opera como insumo de información para mejorar o cambiar las propuestas de enseñanza para el docente, sino también para los estudiantes.

En palabras de Rebeca Anijovich, el alumno puede reconocer en este tipo de evaluación “sus fortalezas y debilidades, superando sus dificultades ya que retroalimentar es un modo de ofrecer sugerencias, preguntas, valorar producciones de cada uno por lo logrado”, de tal manera que toda esta retroalimentación impacte en la mejora de sus aprendizajes.

Teniendo en cuenta las realidades socioculturales y económicas de nuestros niños en edad escolar, es importante que reflexionemos en esta instancia, ya que de nosotros depende que la evaluación tienda hacia la construcción de espacios de aprendizaje.

Liliana Manente.

Portal de Recursos Pedagógicos

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