La Doctora en Educación Carina Lion reflexionó sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en las aulas. Además, planteó la necesidad de redefinir el rol docente desde una perspectiva crítica, ética y pedagógica.
La irrupción de la Inteligencia Artificial generativa en la vida cotidiana reconfiguró en poco tiempo múltiples prácticas sociales, y el ámbito educativo no quedó al margen. Es en este escenario que la pregunta por el lugar de la escuela, y de los docentes específicamente, vuelve a ponerse en el centro del debate: qué significa enseñar cuando las máquinas pueden producir textos, resolver consignas y sintetizar información en segundos. Para la Doctora en Educación y Docente de Filosofía de la UBA, Carina Lion, el desafío no pasa por competir con la tecnología, sino por comprender qué dimensiones del trabajo educativo siguen siendo irremplazables.
“Si algunas tareas pueden ser hechas por la Inteligencia Artificial Generativa, qué nos cabe de especificidad. Salvado esto, hay mucho por hacer, porque todo el proceso simbólico de trabajo, de reflexión, del metalenguaje, todo lo que la inteligencia artificial no tiene (la metáfora, la ironía, el doble sentido, el contexto), es para trabajar en la escuela”, sostuvo Lion.
El valor de lo humano frente a la lógica de los algoritmos
“Frente a cada tecnología hubo un mito del reemplazo”, declaró la especialista, en referencia a los discursos que anuncian que la IA intenta sustituir la labor docente. En este sentido, destacó la importancia de redefinir el núcleo de la enseñanza, y advirtió que la diferencia no está en la transmisión de la información, sino en la construcción del sentido.
El trabajo con el lenguaje, la interpretación y la reflexión crítica son, según desarrolló Lion, el territorio propio de la escuela. Donde la IA puede responder con inmediatez, la educación introduce una pausa necesaria. Para quienes trabajan en educación, esto se traduce en una exigencia clave, “algo que es fundamental en la escuela, que es el tiempo de demora. Porque, entre pensamiento y acción, hay algo simbólico”.
La doctora en educación enfatizó en el valor de la labor docente frente al auge de la IA. “Esa diferencia, ese aula heterogénea que nosotros como docentes conocemos, los grupos, las familias, es conocimiento que el docente tiene. Y ahí debería perderse el temor. Porque, quienes estamos a cargo de aulas sabemos quiénes son nuestros estudiantes, a quiénes puede beneficiar esta tecnología, cuándo, en qué tarea y cuándo no”.
De la prohibición a la regulación pedagógica
Frente a la expansión de la tecnología de IA, Lion planteó que las respuestas institucionales no pueden limitarse a la prohibición. En un entorno donde este desarrollo ya forma parte de la vida cotidiana, el desafío es pedagógico. Es establecer protocolos que permitan integrar esta herramienta de forma crítica, y hagan visibles los procesos detrás de su uso.
Según detalló la educadora, algunas escuelas están habilitando protocolos de regulación de uso de estas herramientas, lo cual no significa prohibir. “Es pedirle a quienes usan lo que se llama la trazabilidad del uso. Y es mostrar, bueno, ¿cuándo lo usaste? ¿Qué prompt pusiste, qué instrucción pusiste? ¿Cómo volviste a pensar ese prompt cuando te dio tal respuesta? ¿Qué iteraciones, qué vueltas hiciste? Es que transparenten el modo en que interactuaron con estos agentes de inteligencia artificial”.
Experimentar con Inteligencia Artificial para enseñar mejor
En este contexto de transformación, Lion insiste en la necesidad de que los propios docentes se involucren activamente con las herramientas. No desde una aceptación pasiva, sino desde una exploración crítica.
La llegada de la IA tuvo impacto inmediato. “Ni bien surgió, hubo una adopción bastante masiva. Como siempre, son los estudiantes quienes primero prueban, y nosotros probamos un poco después”, señaló. Esta distancia inicial, sin embargo, puede convertirse en una oportunidad para repensar las propias prácticas educativas.
Probar evaluaciones, planificaciones, o actividades en herramientas de IA permite revisar qué tipo de propuestas se están llevando al aula y qué tipo de aprendizajes se están promoviendo. En este sentido, la incorporación de la tecnología no solo interpela a los estudiantes, sino también a las decisiones pedagógicas de los docentes.
Como mensaje final a los docentes, Lion concluyó que “la Inteligencia Artificial es un Asunto Docente. Como es lo gremial, como es el contexto geopolítico, como es la visión ética y política de la educación. Es un tema que está transformando y trayendo muchas preguntas. Entonces, diría que es importante experimentar, probar, aunque sea equivocándonos. Poner una evaluación que hacemos habitualmente en alguna herramienta de inteligencia artificial generativa, y ver qué sale. Y entonces, decidir. ¿Es esta la mejor evaluación que puedo hacer? ¿Es la mejor clase o planificación que puedo dar?”

