La imaginación empática: el aula como contraofensiva a la crueldad

La imaginación empática: el aula como contraofensiva a la crueldad

La Doctora en Educación Carina Kaplan propone transformar el aula en un espacio de contraofensiva a la crueldad y violencia que la sociedad impone. A través de una mirada de igualdad afectiva propone reponer el valor del docente como transformador de las vidas de los estudiantes a través del respeto y la formación de la imaginación empática.

Construir empatía en el aula es una tarea pedagógica que requiere intervención y planificación. Así lo plantea la Doctora en Educación Carina Kaplan, autora del libro Educar en la Empatía. En diálogo con Asuntos Docentes, la especialista sostuvo que la escuela puede actuar como un espacio de contraofensiva afectiva y de reparación frente a las formas de violencia que atraviesan la vida social.

El aula como lugar de reparación

Según plantea Kaplan, la escuela no es un espacio neutral frente a las formas de sufrimiento que atraviesan la sociedad. Por el contrario, la institución tiene la posibilidad y la responsabilidad de intervenir en esas experiencias a través de prácticas cotidianas que restituyan el valor del otro.

En la sociedad actual, muchos estudiantes llegan a las aulas atravesados por situaciones de dolor, exclusión o estigmatización que impactan en su subjetividad, según advirtió la especialista. Frente a este escenario, la tarea docente adquiere una dimensión que excede la transmisión de contenidos. Se trata de generar gestos que permitan reconstruir vínculos y ofrecer nuevas formas de reconocimiento.

“La escuela en su cotidiano puede producir actos reparatorios. Gestos reparatorios. Con la mirada acerca del otro, con el trato respecto del otro”, señaló la autora. Además, remarcó que estos procesos también implican validar lo que los estudiantes sienten y habilitar espacios donde esas experiencias puedan ser compartidas. “Los sentimientos nos permiten generar en la escuela una experiencia común. Socializar aquello que nos aqueja”, agregó.

Mientras los discursos predominantes en la sociedad están atravesados por la crueldad, la indiferencia y la exclusión, las instituciones educativas se posicionan como espacios que van a contracorriente. En lugar de reproducir estas lógicas, la escuela puede promover formas de vínculo basadas en la solidaridad, el respeto y la cooperación.

La empatía como contraofensiva pedagógica

Kaplan enfatizó la importancia de trabajar la empatía como una construcción que se desarrolla a lo largo del tiempo. En este marco, la autora habló del concepto de imaginación empática, entendido como la capacidad de ponerse en el lugar del otro a partir del conocimiento, especialmente a través de la literatura, la historia y otros contenidos curriculares que permiten comprender las experiencias ajenas.

El enfoque de la doctora en educación también implica intervenir de manera activa frente a las formas de violencia simbólica que se producen en el ámbito escolar. Estas afectan profundamente la experiencia de los estudiantes.

“Uno pensaría a priori que la violencia física es la más cruel. Sin embargo, nosotros advertimos al conversar con los niños, con los jóvenes, con los estudiantes, en la violencia simbólica, la que se expresa en palabras denigrantes, en apodos, en burlas, en formas de humillación… Todo ese terreno que hace sentir mal al otro, que produce una subjetividad dañada, que produce heridas sociales. Todo ese territorio es necesario interrumpirlo en la escuela”

Este tipo de trabajo es central en la tarea educativa. Para Kaplan, en un contexto donde predomina la indiferencia, el aula debe ser un lugar capaz de ofrecer nuevas formas de vinculación.

“En una sociedad tan indiferente, que nos enseña que hay que ser indiferente frente al otro, la escuela promueve valores y sentimientos de solidaridad. De cooperación. Quiere decir que la escuela es una institución que va a contracorriente de estos discursos y prácticas mercantilistas de la educación. Lo que denomino el capitalismo emocional. Es decir, lo que hace la escuela es permitirnos otros estilos afectivos”.

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