La confianza en los territorios educativos

La confianza en los territorios educativos

María Beatriz Greco compartió una reflexión sobre la importancia de la confianza en el interior de las instituciones educativas, y la construcción de relaciones de confianza en tiempos de sospecha hacia los otros.

“Lo primero que tenemos que hacer es reconocer en qué condiciones históricas vivimos, estamos, asistimos. Por qué la desconfianza”, declaró María Beatriz Greco, filósofa, formadora y escritora, en su columna en Asuntos Docentes. Es necesario reconocer por qué “nos atraviesa cada vez más una sensación de sospecha al que tenemos al lado. A la institución que recibe a nuestros hijos e hijas. Por qué la desconfianza”.

La especialista especificó que generalmente se piensa la confianza en términos de las infancias hacia los adultos. “Sabemos que los niños y las niñas pequeñas, e incluso en la adolescencia, tienen que confiar en nosotros y nosotras porque somos quienes actuamos como referentes, como responsables. Como aquellos que sostenemos un despliegue de su subjetividad”.

En la actualidad, esa función del adulto está “fragilizada, se vuelve algo difuso o se pierde. Se pierde bajo las innumerables problemáticas, dificultades, conflictos, que la vida de hoy nos propone”. Es entonces que aparece un corrimiento de la función adulta en términos de generar confianza hacia los niños, niñas y adolescentes.

Greco aseguró que lo que ella propone es “interesarnos en la confianza que el adulto o la adulta hace. Y que puede dar al niño, a la niña, y a un estudiante. Aunque no haya ningún imperativo al respecto. No hay una técnica de confianza, no es una confianza moral. Ni un medio pedagógico tampoco. No hay un método para generar confianza. Tampoco es un fin educativo. No podríamos hablar estrictamente de una pedagogía de la confianza. En sí, las formas de enseñar, las propuestas pedagógicas, ya tienen o debieran configurarse atravesadas por la confianza”.

“Estudiar los efectos de la confianza en las relaciones pedagógicas, en los territorios educativos tiene que ver con aproximarse a ciertos enigmas”, explicó la especialista. “No sabemos todo sobre los otros, sobre las otras, no sabemos todo sobre nuestros estudiantes. Sin embargo, allí estamos y nos responsabilizamos de nuestra tarea”. Los docentes instituyen al sujeto que quieren formar a través de esa confianza, al dejar abierta la posibilidad de que cada quien se forme a sí mismo con los materiales ofrecidos. Esta es “una confianza emancipadora”.

Una confianza emancipadora está en contraste con una confianza dependiente. Y lo que se hace en la escuela no es ofrecer confianza dependiente, donde el otro debe someterse a hacer lo que se le dice y se hace por él. “De lo que se trata en todo caso es de una confianza que renuncia a actuar sobre un otro. Que renuncia a un poder sobre el otro”. Esto está muy ligado a la idea de una autoridad pedagógica emancipatoria.

“Hay una posibilidad de una autoridad emancipatoria. Es decir, una autoridad que ofrece materiales, genera situaciones para crecer”, señaló la formadora. Una autoridad que busca hacer crecer, que no impone, no obliga ni jerárquicamente determina y obliga a una obediencia ciega. “Se trata de una autoridad confiante. Una autoridad que confía desde el vamos, de antemano”.

Greco enfatizó la importancia de una confianza que no es ciega, “que no se pone arriba del otro para hacerle sentir una superioridad. Sino que se dispone a ampliar las posibilidades de vida. A sostener lazos y a tejer esas redes de confianza. Los efectos de la confianza en las relaciones pedagógicas son infinitos. Y son maravillosos porque alientan a seguir. A seguir y a expandirse”.

Escuchá la nota completa acá:

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *