El profesor y humorista Javier Guerrero cuenta cómo el humor docente se convirtió en su modo de conectar con colegas y estudiantes. De las aulas al escenario y de la pandemia al teatro, una historia que celebra la pasión por enseñar y hacer reír.
Cuando Javier Guerrero habla del aula, lo hace como quien recuerda un escenario. No uno con luces ni butacas, sino con miradas atentas, bostezos disimulados y una energía que, según él, hay que saber sostener. Profesor de teatro, actor y ahora humorista, Guerrero encontró en las redes sociales un modo inesperado de unir sus dos vocaciones: enseñar y actuar. “Yo siempre digo que el docente, el profe, la profe son actores y actrices. Quizás muchos no lo saben, pero es muy parecido el escenario al aula. Tenés a tu público, lo tenés que atrapar, lo tenés que enamorar, le tenés que contar algo, tenés que mantener la atención, la energía”, explica.
Esa idea fue la chispa que encendió una de las experiencias más curiosas del humor educativo reciente. En plena pandemia, cuando los docentes lidiaban con la virtualidad, la tecnología y la incertidumbre, Guerrero decidió transformar esas vivencias en comedia. “Bueno, todo empezó en pandemia. Yo era cero redes, soy bicho de teatro… muchos de nosotros teníamos cero conocimiento de tecnología y pasaban cosas bizarras, cosas que nos daban tristeza y después risa al mismo tiempo. Entonces dije: ‘Bueno, acá hay algo…’”.
La intuición no tardó en confirmarse. Sus primeros videos, grabados con tono cotidiano y un humor cercano, se viralizaron casi de inmediato. “De un día para el otro… creo que salió un canal, y de 100 y pico de seguidores pasé en una semana a tener 5.000, 10.000, 100.000, y bueno, ahora somos más de 200.000”, recuerda. Así nació una comunidad que lo acompañó también fuera de las pantallas, en el espectáculo Fuerza Profes, donde el público —compuesto en gran parte por docentes— se reconoce en cada chiste sobre clases, reuniones, planillas o improvisaciones pedagógicas.
Con esa mezcla de humor y ternura, Guerrero construyó una figura que trasciende el entretenimiento: la de un docente que ríe para no rendirse. “Es terrible a veces lo que pasamos. Es terrible la tensión por la que pasamos. Y sin embargo, yo no quisiera ser otra cosa que docente. Amo ser actor y amo ser docente, y me voy a seguir quejando cuando sienta que me están rascando la cascarita, pero voy a seguir eligiendo esta profesión porque es hermosa y la amo”, dice, dejando claro que detrás de cada broma hay una declaración de amor al oficio.
Podés ver la entrevista completa a Javier Guerrero en el video que acompaña esta nota.


