Gabriela Diker: “La política educativa no emana de los datos”

Gabriela Diker: “La política educativa no emana de los datos”

La doctora en Educación cuestionó el uso de las evaluaciones estandarizadas y advirtió sobre los riesgos de interpretar sus resultados de manera aislada. Propone articular distintas fuentes de información para comprender la realidad del sistema educativo y orientar las políticas públicas.

La publicación de los resultados de las pruebas PISA suele reavivar las discusiones sobre la calidad de la educación y el desempeño de los estudiantes. Sin embargo, la repercusión mediática pierde intensidad rápidamente, mientras persisten los interrogantes sobre el uso que se hace de esos datos. En diálogo con Asuntos Docentes, la investigadora y docente Gabriela Diker cuestionó tanto la interpretación de los resultados como su incidencia en el diseño de políticas educativas.

Qué miden las evaluaciones estandarizadas

Diker explicó que las pruebas estandarizadas no son equivalentes a los exámenes que los docentes realizan en el aula. “Las pruebas estandarizadas no son como una prueba escolar, pero a gran escala. Es un instrumento completamente distinto que te da un dato sobre el que vos tenés que emitir un juicio evaluativo. Y para ello tenés que analizarlo en relación con otros datos”, señaló.

Desde esta perspectiva, los resultados no constituyen por sí mismos un diagnóstico definitivo sobre la calidad educativa. Su interpretación requiere considerar otras variables, como las trayectorias escolares, las condiciones socioeconómicas y las características de las instituciones.

La especialista también cuestionó la utilidad de estos operativos para las propias escuelas. Los equipos docentes y directivos disponen de información mucho más detallada sobre los aprendizajes de sus estudiantes, producida cotidianamente a través del trabajo pedagógico. Por eso, la publicación de resultados estandarizados no necesariamente aporta nuevos elementos para comprender las dificultades que enfrentan en las aulas.

El uso de los datos y el debate sobre la educación

Uno de los principales cuestionamientos de Diker apunta a la distancia entre los recursos destinados a realizar estas evaluaciones y el aprovechamiento efectivo de sus resultados. Según explicó, existen investigaciones en Argentina y otros países que señalan una utilización limitada de esta información para diseñar políticas educativas. En el caso argentino, afirmó que no conoce políticas que hayan tomado los resultados de PISA como base para su elaboración.

A esta situación se suma la tendencia a convertir los resultados en diagnósticos generales sobre el estado de la educación, sin considerar suficientemente el contexto en el que se producen. La publicación de las cifras suele generar un clima de alarma y pronósticos de deterioro que, sin embargo, pierden protagonismo al cabo de pocos días.

Diker también advirtió sobre la persistencia de una determinada percepción social en este tema. “Cada generación cree que recibió una educación mejor que la que reciben las nuevas generaciones. Y cada evaluación estandarizada viene de alguna manera a corroborar esto. Al punto que, si hay alguna mejora, tendemos a sospechar”, observó.

Para la especialista, este fenómeno contribuye a reducir la discusión educativa a los resultados de las pruebas y desplaza otras dimensiones relevantes del sistema. “Lo más preocupante es la reducción de la discusión educativa y la discusión sobre la cuestión política educativa a esta sola fuente de información”, afirmó.

Como ejemplo de esta simplificación, Diker cuestionó la lectura que se hizo de los resultados de PISA desde la conducción educativa nacional. Al referirse a las declaraciones del secretario de Educación, Carlos Torrendell, señaló que reducir las conclusiones a la necesidad de enseñar Lengua y Matemática supone una interpretación insuficiente de la información disponible. Para la investigadora, los datos de una evaluación no constituyen por sí mismos una política educativa: es necesario definir qué problemas se busca resolver y qué objetivos se pretende alcanzar.

Frente a esta lógica, Diker propuso avanzar hacia un modelo de evaluación integral que articule distintas fuentes de información y permita analizar cada nivel educativo en períodos de tres años. La iniciativa contempla relacionar los resultados de aprendizaje con las trayectorias escolares, los indicadores socioeconómicos, los salarios docentes y las condiciones institucionales.

La propuesta tiene un antecedente concreto en la Evaluación de la educación secundaria en Argentina 2019, elaborada durante su gestión como secretaria de Evaluación e Información Educativa del Ministerio de Educación de la Nación. El informe reunió información de distintas fuentes oficiales para examinar, además de los aprendizajes, las condiciones de las escuelas, las trayectorias estudiantiles y la finalización del nivel secundario.

El objetivo es superar la publicación aislada de puntajes y construir una mirada más amplia sobre la realidad educativa. En ese sentido, la propuesta de Diker apunta a recuperar las evaluaciones como herramientas para comprender el sistema y orientar decisiones. Porque, como sintetizó durante la entrevista, “la política educativa no emana de los datos”: requiere una discusión sobre los horizontes que se busca alcanzar y la sociedad que se pretende construir.

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