El docente e investigador Nicolás Laino presenta su libro “Enseñar historia en la escuela primaria”, donde comparte herramientas para trabajar efemérides, conocimientos previos y otros aportes.
La obra de Laino nació de su pasión por la enseñanza de la historia en combinación con la búsqueda de respuestas a interrogantes que le fueron surgiendo al respecto. Sobre todo, con la renovación de los diseños curriculares que se estaba dando en comparación a su tiempo como estudiante. Se trataba de “una apertura a un mundo nuevo, y a una pasión que es un camino de ida”.
“La idea era, a través de los temas que en general se repiten en todo el país, como temas de historia, poder presentar secuencias. Propuestas e incluso algunas sugerencias para actos escolares que contemplaran los enfoques que proponen los diseños curriculares”, comentó el autor. Aclaró que, aunque había una línea común, faltaba claridad en los marcos teóricos actualizados. En este sentido, su libro incluye propuestas que se probaron y se fueron modificando en el aula.
En palabras del docente, “en el libro aparecen posibles respuestas de los chicos con cosas que nos hemos encontrado. Modificaciones que les hemos hecho a ciertos recursos para adecuarlos incluso a los tiempos que corren”. Eso es lo más valioso, si bien la parte teórica brinda una actualización, hay cuestiones prácticas para implementar directamente.
Laino se refirió al desafío de captar el interés en la historia de los estudiantes de nivel primario. “Uno tiene que tener en cuenta la diversidad que puede presentar el grupo en sí. Hablamos mucho de aulas heterogéneas y pensar en actividades que puedan atrapar desde los gustos, los intereses de cada alumno, cada alumna”.
“Sabemos que el material audiovisual está muy presente también y es de mucho agrado, pero no dejar de trabajar con estudios de caso”, advirtió el autor. El arte en general, la música, también pueden convertirse en elementos y recursos didácticos que atraigan a los chicos. Todo esto sin dejar de contemplar la edad del alumnado. “Con los grados más chicos conviene enfocar ciertos temas históricos como un telón de fondo. No meterse en la explicación compleja que vamos a guardar para segundo ciclo, que ya involucra conceptos. Sino tratar de presentar como la vida cotidiana, y un montón de aspectos de la vida diaria de los distintos actores, y se genera un interés”.
El docente destacó cómo los conocimientos adquiridos por los chicos a través del cine y la cultura popular pueden ser una ventaja para la enseñanza. “Cosas muy lejanas en el tiempo, o geográficamente las terminan conociendo mejor que un pasado mucho más reciente en todo sentido. Eso es muy común con cuestiones de la Edad Media. A través de los cuentos tradicionales, películas, series, tienen muchas más nociones de la Edad Media que del pasado de hace cien años en Argentina. Entonces, ese es el desafío, saber de dónde vienen esos conocimientos previos, que también nos ayuda mucho al momento de planificar y de diseñar una secuencia”.
Un desafío distinto lo plantean las efemérides. Por un lado, porque los docentes tienen que tener en cuenta las decisiones institucionales para su tratamiento dentro de los contenidos curriculares de cada clase. Pero lo importante es no trabajarlas como hechos aislados, sino dentro de un proceso histórico. “Siempre es conveniente poder adecuarlas a los contenidos”, remarcó.
Laino explicó que sus expectativas como autor de “Enseñar historia en la escuela primaria” tienen que ver con realizar una “conversación entre colegas”. Una oportunidad de proporcionar una base de conocimiento académico compartida entre pares. “A partir de eso, que cada docente pueda desarrollar las puertas de entrada al tema”, animándose a probar cosas, diseñar recursos propios.
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