De la culpa a la co responsabilidad: La ESI como respuesta a la violencia

De la culpa a la co responsabilidad: La ESI como respuesta a la violencia

La psicóloga social y licenciada en Ciencias de la Educación, Liliana Maltz, propuso superar la lógica de la culpabilidad frente a la violencia escolar, y asumir una co responsabilidad compartida entre familias, escuelas y Estado. En diálogo con Asuntos Docentes, la especialista remarcó cómo la Educación Sexual Integral (ESI) puede ser una herramienta de cuidado capaz de transformar la escuela en un “refugio amoroso”.

El pasado 30 de marzo, un colegio de San Cristobal, al norte de Santa Fe, vivió una tragedia que se llevó la vida de un estudiante y terminó con otros ocho heridos, cuando otro de los alumnos, de 15 años, entró a la institución educativa armado de una escopeta. Este caso, el más reciente, se suma a otros que a lo largo de los años reflejan cómo la violencia que afecta la sociedad entra en las aulas. En este contexto, Liliana Maltz invitó a repensar el rol de la escuela y de los adultos en la vida de las adolescencias. Su propuesta se centra en abandonar la búsqueda de culpables únicos y en adoptar la ESI como una lente ética que habilite espacios de cuidado, reflexión y construcción colectiva.

La lógica de la culpa y la de la co responsabilidad adulta

La violencia en las escuelas suele despertar como reacción inmediata la búsqueda de culpables. Se señala a las familias por no poner límites, a la escuela por no detectar a tiempo las señales, o a las redes sociales por fomentar el odio. Para Maltz, esta “respuesta enlatada” calma la angustia social, pero impide pensar en la complejidad de los factores que atraviesan la vida de los jóvenes.

La especialista advirtió que en esta dinámica de acusaciones cruzadas, los estudiantes quedan sin acompañamiento real. “En esta culpabilización mutua perdemos todos. Pero fundamentalmente pierden las infancias y adolescencias, que nos necesitan pensando juntos, en un mismo lugar”.

En este sentido, el corrimiento del rol del adulto es un aspecto crítico. La infantilización promovida por el mercado y el agobio económico de las familias dificultan la capacidad de establecer bordes y límites. “Hay padres que tienen muchísimos trabajos y no pueden mirar a sus hijas y a sus hijos, insisto, no lo digo desde la culpabilización sino desde una cuestión de época que hace que no los podamos mirar y sigamos con la representación de que si están en casa estamos tranquilos. Y en realidad, el peligro está en las redes, no es en la salida, en la esquina”.

Ante esta realidad, la co responsabilidad se vuelve un horizonte indispensable. La escuela, la familia y el Estado deben compartir la tarea de acompañar, alojar y cuidar, en lugar de delegar culpas, subrayó Maltz. Esto vuelve urgente la necesidad de generar espacios donde docentes y familias puedan compartir la angustia y la incertidumbre, de acuerdo a lo que incentiva la ESI, para pensar juntos qué hacer frente a los desafíos actuales.

La ESI como herramienta de cuidado

Liliana Maltz insistió en que la Educación Sexual Integral no es solo un contenido curricular. Es una lente ética que impulsa una política de derechos y cuidado. “La ESI aporta como una lente para poder pensar esto que pasó desde dos vertientes. Por un lado, teniendo presente el contexto político, social, cultural. Y a la vez, pensarlo con lo situado, es decir, en esta escuela, con esta comunidad, con estos chicos. No podemos solo armar un discurso general de lo que pasa a nivel nacional o mundial, sin tener en cuenta la comunidad. Pero tampoco podemos analizar lo que pasó teniendo solo presente la comunidad de San Cristobal como si estuviera por fuera de un contexto que incita a la violencia, al odio, al no respeto”

Según detalló la especialista, las situaciones disruptivas pueden abordarse desde distintas dimensiones a través de lo que ella denominó “las puertas de entrada de la ESI”. Estos son mecanismos que impulsa la legislación que van más allá de los contenidos curriculares, y que se pueden organizar en diferentes dimensiones de acción. Generar espacios para que docentes y familias puedan compartir emociones desatadas por los hechos de violencia antes de definir acciones, usar las situaciones de crisis para repensar el rol institucional y la práctica pedagógica, y habilitar espacios de debate dentro de la cotidianeidad escolar son algunos ejemplos de estos mecanismos. Además, la ESI permite detener el programa para abordar temas urgentes, y tejer redes con las familias y comunidades para fortalecer el acompañamiento.

En otras palabras, la ESI permite transformar la escuela en un refugio vital. “En tiempos tan desangelados, creo que armar refugios amorosos, de cuidado, solidarios, y poder compartirlos deviene vital”, afirmó la licenciada en ciencias de la educación.

Hacia una escuela que invita a pensar colectivamente

El desafío planteado por Maltz implica abandonar la lógica de la culpa y asumir la responsabilidad adulta, mientras se adopta e impulsa la ESI como una lente ética transversal que atraviesa la vida escolar. La invitación es clara: pensar colectivamente, detener el programa cuando sea necesario, y construir estrategias que permitan acompañar a las infancias y adolescencias.

“Hay una canción que elaboró un profesor de esta escuela de San Cristóbal. Yo la escuchaba y lloraba, porque terminaba diciendo ‘Queremos Paz. Los chicos y la comunidad de San Cristobal queremos paz, y no estamos todos del lado de la violencia’. Yo creo que hay que escuchar esa canción, y hay que escuchar ese pedido… Creo que el arte en momentos de tanta angustia es muy sanador. Me parece que es por ahí. Por buscar estrategias amorosas que nos ayuden a darle lugar al dolor, pero también a poder ir cicatrizando estas heridas”.

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