El verano puede ser una oportunidad para desconectar, de descanso para los que ejercen la docencia, luego de tantos meses corriendo de un lugar a otro. Para no desaprovechar esa oportunidad, a continuación encontrarás algunas ideas para sacar el máximo de provecho de este tiempo de receso escolar y desconectar un poco.
El punto de partida debería ser el descanso. Para una actividad que “suele llevarse el trabajo a casa”, con exámenes para corregir, actividades para planificar, reuniones fuera de hora a las que asistir, desconectar realmente de la actividad docente es todo un desafío. Así que lo primero que hace falta encontrar y lograr, son ideas que ayuden a asegurar un tiempo de descanso del trabajo realizado.
Dedicarle tiempo a tus propios intereses
Aprovechar el verano para hacer esas cosas que quedaron pendientes en el año y no pudiste hacer por algún motivo puede parecer una obviedad como consejo. Pero a veces esas cosas pequeñas, por decir “se puede hacer cuando tenga un ratito”, o “después me siento a hacerlo, total tardo unos minutos” son las primeras en ser postergadas. Porque siempre son las más sencillas de cumplir, terminan quedando de lado. Un hobbie, un proyecto pendiente, un libro que quedó en la mitad, una película o serie para ver, todas cosas que mantienen la cabeza ocupada y mejoran la calidad del descanso, pero siempre terminan quedando para “algún momento libre” que no llega. Bueno, el receso de verano, aunque no debería hacer falta decirlo, es la oportunidad para ponerse al día con esa idea pendiente.
Conseguir una buena rutina de sueño
Poder disponer del tiempo de sueño en vacaciones también debe ser algo buscado. No hacerlo puede llevar a que la sensación de estar sin energía continúe durante las vacaciones. Si bien el descanso perdido no puede recuperarse, el verano es una oportunidad para forjar hábitos de sueño que puedan durar a lo largo del año. Cuidar el cuerpo, la alimentación, la salud mental y física a lo largo del año tienen que ser prioridad para que ese agotamiento pasajero no se convierta en permanente. Y como con todo lo demás, estos días de descanso son una oportunidad para convertir esas prioridades en hábitos saludables.
Descubrir nuevos lugares
Conocer algún lugar distinto del entorno cotidiano es una oportunidad obvia de poner distancia entre los problemas y preocupaciones del día a día. Y es una forma de conseguir una mirada diferente de las cosas que uno ha estado viviendo en el día a día. No se trata de dejar mágicamente los problemas en casa y salir a pasear para encontrarse con esos problemas esperando al regreso. Se trata de realmente disfrutar el tiempo presente lo suficiente para conseguir otra perspectiva de aquellas cosas que hay que resolver.
Pasar tiempo en familia
El tiempo con los seres queridos es la mejor forma de recargar energías para la siguiente etapa. Formar nuevos vínculos, conocer más y mejor a esas personas que día a día están de una forma o de otra pendientes de lo que a uno le pasa puede ser un excelente punto de partida para obtener mejor seguridad y estabilidad emocional. También compartir con ellos los intereses y proyectos pendientes es una buena forma de darles “el puntapié inicial” a esas cosas, y forjar nuevos o mejores lazos.
Perderle el miedo a los cambios
Es común tener miedo de los grandes cambios. Pero el tiempo de descanso puede ser una gran oportunidad para obligarse a salir de la zona de confort y descubrir nuevos intereses, que puedan ser un nuevo impulso para el tiempo que viene. Pensar ideas nuevas, conocer nuevos lugares como ya se dijo, redescubrir a los amigos y familiares, priorizar la propia salud, todas cosas que podrían no ser habituales pero que sin duda deberían serlo.
El propósito de desconectar
En fin, hablar de desconectar de la actividad del año, de la forma que sea posible, no significa renegar de la profesión, olvidarse de los problemas o hablar mal de lo que se hizo en el año. El tiempo de descanso es para celebrar lo que se logró hasta el momento, y cargar nuevas energías para la etapa que viene. Tiene el propósito de forjar hábitos saludables y redescubrir esa relación con la familia y amigos. Para aprender a priorizar lo que de verdad es importante, y eventualmente poder enseñarlo también.







