Alejandra Vatrano y Belén Caeiro, educadoras y consultoras en MAAP hablaron con Asuntos Docentes sobre la necesidad de repensar la capacitación docente desde el acompañamiento y la práctica. Las especialistas destacaron la importancia de que la formación tenga un impacto real en las aulas.
La formación docente ocupa un lugar central en el debate educativo actual, pero no siempre logra el efecto esperado. En muchos casos, los cursos y capacitaciones no se traducen en cambios concretos en el aula, lo que genera una brecha entre lo aprendido y lo aplicado. Frente a este escenario, MAAP Consultora Educativa se presenta como una propuesta que apunta a transformar ese recorrido: pasar de la información a una formación que tenga un verdadero impacto en la práctica cotidiana.
Cuando capacitar no alcanza
Uno de los principales problemas que identificaron las especialistas es la distancia entre la capacitación y su implementación efectiva. Según explicaron, gran parte del esfuerzo invertido en la capacitación docente no logra traducirse en mejoras concretas en los aprendizajes.
“Los datos nos dicen que menos del 5 por ciento de una capacitación es lo que verdaderamente llega al aula. Y esto, realmente nos habla de que hay un montón de esfuerzo, tiempo, y también en muchos casos dinero invertido que no llega a nuestro objetivo final. Que es que los chicos aprendan mejor. Pero también que los docentes trabajen mejor”, señaló Alejandra Vatrano.
Según advirtieron las especialistas, confundir información con formación es uno de los errores más frecuentes en la formación docente. Pero acceder a contenidos o datos no garantiza, por sí mismo, una transformación de la práctica educativa.
“El dato puede estar. Pero la verdad es que disponer del tiempo de un docente, que es valiosísimo, para darle un dato que ya tiene y ninguna solución es solamente informar. Dar el contenido. Y en el aula puede pasar lo mismo, pero ese no es el desafío de las escuelas hoy, ni de los docentes”, agregó Vatrano.
Belén Caeiro, por su parte, reforzó esta idea desde la experiencia concreta de quienes transitan estos espacios. “Si yo voy a una capacitación y me voy solamente con información a la que después tengo que seguir viendo cómo le doy la vuelta para mañana, esa capacitación ya no me sirve”.
El desafío no es solo ofrecer contenidos, sino generar procesos que permitan a los docentes apropiarse de ellos y traducirlos en acciones concretas, que tengan un diálogo con la práctica y el contexto.
Acompañar para transformar la práctica
La propuesta de MAAP se centra en el acompañamiento de los docentes. Lejos de plantear soluciones estandarizadas, el enfoque apunta a trabajar junto a los docentes en su contexto real de trabajo.
“No traemos fórmulas mágicas, de ninguna manera. La magia está en la co docencia. En ese uno a uno con el docente. Porque la buena práctica está. Los docentes ya hacemos un montón de cosas increíbles adentro del aula”, explicó Caeiro.
El trabajo de acompañamiento implica visibilizar y potenciar lo que ya sucede en las instituciones educativas. En palabras de las especialistas, se trata de una tarea de “polinización”, donde las buenas prácticas que ya existen se identifican, se fortalecen y se articulan con toda la escuela.
“En nuestro trabajo, a nosotros nos gusta decir que somos como abejitas polinizadoras. Porque a veces es evidenciar, sacar a la luz eso que ya está sucediendo y ayudar al equipo docente y al equipo directivo para poder generar una coherencia sistémica de lo que ya está pasando. Ahí es donde está realmente la transformación profunda en una escuela”, declaró Caeiro.
Este enfoque pone en valor la necesidad de repensar la capacitación docente, desde la formación inicial hasta la continua, para atender a las demandas reales del aula. Desde los aspectos básicos y administrativos de la tarea docente hasta las estrategias didácticas concretas, la propuesta busca dejar capacidades instaladas en las instituciones. El objetivo es que los propios docentes se conviertan en referentes dentro de sus comunidades educativas, capaces de sostener y multiplicar las mejoras en el tiempo. Así, la formación deja de ser un encuentro aislado para convertirse en un proceso continuo, situado y con impacto real en las trayectorias educativas.


